¿Qué es la nueva normalidad?

Ya se puede leer en el blog “¿Qué es la nueva normalidad?”, mi último artículo publicado en la revista mexicana Palabrería (Junio 2020). ¡Gracias a Carlos Tonatiuh Tenopala por contar conmigo una vez más!  Por Nicola Mariani, junio de 2020. ¿Qué pasará con nosotros cuando habrá acabado la pandemia, si […]

Ya se puede leer en el blog “¿Qué es la nueva normalidad?”, mi último artículo publicado en la revista mexicana Palabrería (Junio 2020).

¡Gracias a Carlos Tonatiuh Tenopala por contar conmigo una vez más

Por Nicola Mariani, junio de 2020.

¿Qué pasará con nosotros cuando habrá acabado la pandemia, si es que algún día acabará? En una época histórica de incertidumbre global como la que estamos viviendo – una época en la que el concepto de crisis ya se ha plenamente normalizado (llegando a ser casi un estado natural, físico y mental) y el bio-miedo ya se ha apoderado de nosotros (llevándonos a vivir cada vez más como átomos, o a lo sumo como autorreferenciales miembros de mini-tribus, clanes familiares o profesionales) – la dimensión temporal del futuro se concibe como algo borroso, precario, lejano. Algo ajeno a nuestras vidas y a nuestro horizonte de posibilidades; algo que ya no nos pertenece y que recordamos como un vestigio pálido de un pasado que no va a volver jamás. 

Ya no volveremos a ser lo que fuimos hasta hace pocos meses. El recuerdo de cuando teníamos un futuro para imaginar y desear es mera arqueología anímica. Vivimos, hoy más que nunca, en el día a día; sumergidos en nuestras estrategias personales y colectivas de adaptación a la amenaza de la pandemia. Navegamos a vista en un mar de inseguridad emocional, donde el otro nos aparece cada vez más como un peligro potencial en vez que como un universo de similitudes y diferencias humanas para explorar. En este nuevo ambiente social y cultural que se ha ido definiendo en muy poco tiempo, la distopía ya no es un asunto literario como el que trataron en sus libros Aldous Huxley (Un mundo feliz, 1932) y George Orwell (1984, 1949) o en su película Fritz Lang (Metrópolis, 1927). La distopía de las máquinas que hacen vivir el hombre feliz, liberado de la preocupación de adaptarse al medioambiente y a la evolución impredecible de la historia – que nos ayudan a vivir seguros y protegidos a cambio (o a pesar) de vivir “de una manera diferente” a la de antes – ya es una realidad. Vivimos sumergidos en ella. La distopía está entre nosotros.  

El testo original se puede leer en en la revista y descargar en formato PDF a través de este link: https://bit.ly/2MJV8xN

Reflexionando sobre este tema, y sobre otros que son cada vez más urgentes a nivel planetario en esta fase histórica de incierta transición hacia un mundo diferente, en un artículo publicado el 16 de marzo de este año en la web de The Intercept (y traducido al español en la web argentina Lavaca.org), Naomi Klein augura un futuro “basado en el tele-todo”. Según la teoría de la periodista canadiense, de hecho, la que nos espera es una nueva sociedad fundada sobre un “Screen New Deal” (Nuevo pacto de las Pantallas), en el que muchas de las actividades que antes de la pandemia practicábamos de manera presencial, desplazándonos de un lugar a otro, se realizarán sin contacto físico alguno y serán filtradas por pantallas electrónicas y otros dispositivos digitales a través de servicios de comunicación manejados por las grandes corporations tecnológicas. Escribe Klein: “la tecnología es sin duda una parte clave de cómo debemos proteger la salud pública en los próximos meses y años. La pregunta es: ¿estará la tecnología sujeta a las disciplinas de la democracia y la supervisión pública, o se implementará en un frenesí de estado de excepción, sin hacer preguntas críticas, dando forma a nuestras vidas en las próximas décadas?”. Y añade: “Comienza a gestarse un futuro dominado por la asociación de los estados con los gigantes tecnológicos”.

A raíz de la situación de emergencia y del cambio repentino de los hábitos sociales que muchos países se han visto obligados a adoptar, como medida de defensa nacional frente a la agresiva difusión planetaria de la pandemia, en los últimos tiempos se ha puesto muy de moda un neologismo. Se trata de una expresión que ha empezando a insinuarse silenciosamente en los grandes discursos mediáticos y políticos, en los análisis económicos y hasta en los informes médico-sanitarios, así como en nuestras conversaciones cotidianas en remoto entre amigos, familiares y compañeros de trabajo. Una expresión que recuerda muy de cerca otro neologismo: “nuevalengua”, que fue inventado por Orwell en 1984. Dicha expresión, que todos hemos empezado a escuchar y a usar en las últimas semanas, es “nueva normalidad”. A través de ella se está explicando a la opinión pública que volver atrás – a lo de antes, es decir a la “vieja” normalidad – ya no es una opción. Existe un antes y un después del mes de febrero de 2020 y nosotros ya estamos en el después (en la época de la “nueva” normalidad).

Pero ¿qué quiere decir realmente nueva normalidad? ¿Por qué es “nueva”? ¿En qué sentido? La normalidad o es lo que es o no es. Es como si llamáramos “nueva montaña” a la llanura o “nuevo hoy” al mañana. Todos los idiomas suelen tener un vocabulario riquísimo, con muchos sinónimos y antinómicos, y el hecho de recurrir a neologismos creados con prefijos como “neo”, “post” o “pseudo”, a menudo esconde (en la mejor de las hipótesis) bien una prisa, una pereza en la manera de pensar y definir las cosas, o bien un escaso conocimiento del vocabulario del idioma que se usa. Pero (en la peor de las hipótesis) podría esconder también un deseo consciente de transfiguración (y, por ende, de manipulación) de la realidad. Un ejemplo clarísimo de ello es el uso que se lleva haciendo en los último años de la palabra “postverdad” con la que se suele edulcorar el significado de otra palabra: “mentira”. “Postverdadero” como adjetivo no significa nada en sí. Si nos referimos a una noticia, por ejemplo, esa noticia puede ser verdadera o no verdadera. O un hecho es cierto y comprobado – y entonces si hay una noticia que da a conocer ese hecho hablamos de una noticia “verdadera” – o no lo es. En este segundo caso hablaríamos de una noticia no verdadera o, dicho de otra forma, falsa. La “postverad” no existe: solo hay verdades y mentiras. Lo mismo vale en el caso de la normalidad. Hay normalidad y excepcionalidad. Si algo es normal, no puede ser a la vez excepcional (es decir, su contratio). Si y cuando un estado excepcional termina, o se vuelve a la normalidad o ya se pasa a otra situación. Es decir, una situación nueva, diferente a la de antes. Tertium non datur (como decían los antiguos). Una normalidad nueva, no es normalidad. Es otra cosa. Es algo nuevo, cierto, pero diferente.

Todo lo que hemos venido diciendo hasta aquí con muchos ejemplos y muchas frases largas, lo resume de una manera magistral, con su habitual claridad y capacidad de síntesis, la artista y activista española Yolanda Domínguez. Hablando precisamente del concepto de “nueva normalidad”, en un artículo publicado el 3 de mayo de 2020 en el Hufftington Post España (titulado “Pongamos rumbo a una ‘mejor normalidad’”), Domínguez escribe: “Nadie sabe con exactitud qué significa, pero esas dos palabras juntas nos hacen sospechar. No casan. No cuela. Hay algo que no funciona en ellas. Por un lado, es algo “nuevo” que nos lleva a sorprendente y original, pero también transmite algo que tenemos que comprar, a una técnica de marketing para embaucar. Y por otro, es lo que ya conocemos, lo de siempre. Menudo timo. Lo que el dichoso término viene a decirnos es que lo que viene es una mierda, pero nos vamos a tener que acostumbrar”.

Sin la pretensión de encontrar ahora respuestas a las muchas preguntas que hemos venido planteado hasta aquí, lo que interesa es mantener viva la conciencia del poder que tienen las palabras para definir y representar la realidad. La invención de nuevas palabras o el cambio de significado de palabras que ya existen podrían esconder en ocasiones intenciones diferentes a las que imaginamos a una primera vista. Cuidado con los neologismo. Cuidado con el uso que hacemos (o que a veces nos hacen hacer) de los vocabularios. Cuidado con las neolenguas. ¿Qué quiere decir, exactamente, “nueva normalidad”? ¿Qué concepto se esconde detrás de esta definición?

Cerremos, entonces, estas reflexiones con una cita de Orwell, en la que el escritor inglés explica cuál es la lógica persuasiva que subyace a la mecánica de la nuevaluengua, utilizada por el Socing, el partido político dominante en la sociedad imaginada en 1984. Recordando esta página magistral de su obra maestra, recordaremos que las palabras nunca se usan al azar. Asimismo, tampoco son eternas e inmutables. Todos pueden jugar con ellas y, a través de ellas, pueden hacernos ver y pensar cosas que a lo mejor no nos habíamos planteado. Cuando escuchamos alguien hablar de “nueva normalidad” acordémonos de esta página y acordémonos de la nuevalengua orwelliana, para tratar de entender qué es exactamente de lo que se nos está hablando.

Escribe Orwell: “El propósito de la nuevalengua no era solo proporcionar un medio de expresión a la visión del mundo y los hábitos mentales del Socing, sino que fuese imposible cualquier otro modo de pensar. La intención era que cuando se adoptara definitivamente la nueva lengua y se hubiese olvidado la viejalengua, cualquier pensamiento herético – cualquier idea que se separase de los principios del Socing – fuese inconcebible, al menos en la medida en que el pensamiento depende de las palabras. Su vocabulario estaba construido para dar expresión exacta y a menudo muy sutil a todos los significados  que pudiera querer expresar un miembro del Partido, y al mismo tiempo excluir cualquier otro pensamiento y también la posibilidad de llegar a ellos por métodos indirectos. Eso se lograba en parte con la invención de palabras nuevas, pero sobre todo eliminando las palabras indeseables y despojando las restantes de cualquier significado heterodoxo, y dentro de lo posible de sus significados secundarios. Para dar un ejemplo, la palabra «libre» seguí existiendo en nuevalengua, pero solo podía utilizarse en frases como «Este perro está libre de pulgas» o «Este campo está libre de malas hierbas». No podía emplearse en el antiguo sentido de «políticamente libre» o «intelectualmente libre», porque la libertad política o intelectual habían dejado de existir incluso como conceptos y por tanto era innecesario nombrarlas. Aparte de la supresión de las palabras claramente heréticas, la reducción del vocabulario se consideraba un fin en sí mismo y no se permitía la supervivencia de ninguna palabra que se considerase prescindible. La nuevalengua estaba pensada no para extender, sino para disminuir el alcance del pensamiento, y dicho propósito se lograba de manera indirecta reduciendo al mínimo de palabras disponibles”.

El testo original se puede leer en en la revista y descargar en formato PDF a través de este link: https://bit.ly/2MJV8xN