¿Para qué sirve hoy la crítica de arte?

“¿Para qué sirve hoy la crítica de arte?” mi breve texto publicado originalmente (junto a los textos de otros muchos profesionales del arte contemporáneo en España) como aportación al estupendo libro sobre crítica de arte de Juanjo Santos  "Juicio al Postjuicio”. 
Publicado recientemente online y descargable en este link: https://lnkd.in/gbU286y

“¿Para qué sirve hoy la crítica de arte?” mi breve texto publicado originalmente, junto a los textos de otros muchos profesionales del arte contemporáneo en España, como aportación al estupendo libro sobre crítica de arte de Juanjo Santos  «Juicio al Postjuicio».

Publicado recientemente online y descargable en este link: https://lnkd.in/gbU286y

No creo que la crítica de arte desempeñe hoy un papel diferente al que siempre ha desempeñado. Hoy como siempre, la crítica juzga la calidad de una obra, a través de un esfuerzo racional que pretende penetrar en ella, sentirla y comprobar la coherencia entre las intenciones y los logros de quien la ha creado. Una vez interpretada la opinión que se forma en relación a la obra, el crítico o la crítica de arte la evalúa y la comparte, a través de un acto comunicativo que es también un ejercicio de desdoblamiento, ya que le obliga a ponerse de antemano en el lugar de la alteridad: el lugar de otras interpretaciones posibles (para defender la suya). 

La crítica – tanto en el arte como en cualquier otro ámbito – crítica no es si el acto comunicativo no vehicula un juicio de valor. Sin la expresión de un juicio de valor consciente, no hay crítica. La formulación de dicho juicio depende del grado de libertad intelectual, de las nociones generales y específicas, de la sensibilidad, de las experiencias existenciales y profesionales de quién se erige en juez de la obra y es reconocido por otros como tal. Para ser plausible, un juicio crítico tiene que apoyarse en unos argumentos y en un saber acumulado que permite tener una visión amplia y profunda del fenómeno que se pretende juzgar. Asimismo, tiene que valerse de un bagaje metodológico (esquemas teóricos, categorías interpretativas, artificios retóricos etc.). Sin un método – y sin la auto conciencia por parte del crítico de disponer libremente de él – tampoco hay crítica. La presencia de un juicio explícito, la argumentación, el método y la capacidad para desarrollar un discurso son, por lo tanto, elementos imprescindibles de una crítica. 

En una crítica se reflejan la personalidad, la cultura, las manías, las obsesiones, las pulsiones y los intereses intelectuales y materiales que animan el critico o la crítica a ejercer su función. El discurso crítico está seguro de sus propios argumentos y no teme el juicio ajeno. Sin embargo, la crítica no puede ser críptica, ni autorreferencial. Si no hay un justo equilibrio entre la dimensión subjetiva y la dimensión objetiva (el instinto del ego y la preocupación por la recepción de un público de referencia) el discurso crítico se convierte en un acto comunicativo afónico, esencialmente inútil. 

La crítica de arte tiene que saber adaptarse al tiempo y al contexto en el que se ejerce, para ser relevante y llegar a incidir en la realidad. El propósito fundamental de la labor crítica, en este sentido, es generar un diálogo público ideal a partir de un punto de vista personal que se pone en cima de la mesa. Para ello, el discurso crítico tiene que sintonizarse con las especificidades de su propia época, sin por ello dejarse llevar a la deriva. Tiene que saber navegar por una ruta autónoma, tratando de resistir (en la medida de lo posible) a las modas y evitar que su discurso sucumba a los anacronismos, a los estereotipos y a la repetición mecánica de formulas convencionales abstrusas o abusadas. La crítica de arte, dicho de otra forma, tiene que saber mantenerse viva.

Nunca me he sentido atraído por una concepción esotérica de la crítica de arte. Supongo que esto tenga que ver con mi personalidad, con mi cultura y con el bagaje metodológico del que me sirvo para desempeñar esta labor. Personalmente, me inclino más hacia una práctica crítica constructiva que hacia una destructiva. Sin embargo, acepto cualquier enfoque diferente al mío, siempre y cuando esté acompañado por la honestidad intelectual, el respeto, unos argumentos creíbles y una sincera voluntad de debatir. Según mi visión, la necesidad de la crítica de arte se halla, hoy como siempre, en su capacidad para aumentar la comprensión del sistema del arte y para enriquecer – a través de la dialéctica de puntos de vista, criterios y juicios de valor – las reflexiones que se vayan haciendo sobre el significado de la creación artística y, a través de él, sobre nuestras propias vidas y sobre la complejidad del mundo que nos rodea.

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