«El arte digital ha venido para quedarse». Entrevista a Solimán López

Entrevista en profundidad al artista digital español Solimán López (Burgos, 1981). Artista incansable e investigador muy agudo,  Solimán López (Burgos, 1981) es sin duda uno de los creadores digitales más activos del panorama español actual. Partiendo de la idea de fondo según la cual «la obra de arte no deja...

Entrevista en profundidad al artista digital español Solimán López (Burgos, 1981).

Artista incansable e investigador muy agudo,  Solimán López (Burgos, 1981) es sin duda uno de los creadores digitales más activos del panorama español actual. Partiendo de la idea de fondo según la cual «la obra de arte no deja de ser más que información desarrollada en diferentes soportes», su trabajo explora en profundidad la relación que existe hoy en día (y que siempre ha existido, en su opinión) entre lo tangible y lo intangible en el arte.

Como nos cuenta él mismo, en la extensa entrevista que se puede leer a continuación, el planteamiento de López pretende normalizar las formas de creación más contemporáneas que solemos definir como “new media art” o “arte digital”. En una época como la actual, en la que «el arte se está desmaterializando, como toda nuestra cultura en general», ya no podemos pasar por alto la relación estrecha que existe entre lo real y lo virtual; entre lo hard y lo soft.

En el nuevo contexto material y cultural en el que los artistas se encuentran trabajando hoy en día, la omnipresencia de internet y de las herramientas digitales es un hecho objetivo, que conlleva una necesitad urgente de repensar categorías, conceptos y prácticas de la creación artística, así como de buscar nuevas maneras, más coherentes y actuales, de exhibir y comercializar las obras de arte.

Tomar conciencia de ello, sin embargo, no significa celebrar de manera acrítica e ingenuamente entusiasta la tecnología (el medio en sí). Todo lo contrario. Significa tomar conciencia de que detrás de la llamada revolución digital, y del arte digital, siempre «está la figura humana en la sombra». A partir de esta constatación, el trabajo de López pretende hablar de lo digital en relación con su ineludible componente físico, dirigiéndose al espectador para hacerle consciente de su participación en el contexto en el que la creación digital se lleva a cabo.

Ha sido un gran placer hablar tan detenidamente con Solimán sobre estos aspectos de su trabajo y sobre muchos otros, como su interés especial por actualizar a la era digital conceptos tradicionales de la historia del arte; la dimensión performativa y participativa de su trabajo; su visión de la escena artística digital actual en España; su visión del mercado del arte digital o sus proyectos futuros. Que disfrutéis mucho. ¡Buena lectura!

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Solimán López, retrato. Cortesía del artista, 2016.

Entrevista a Solimán López

El pasado 20 de abril llevaste a cabo la acción Making disappear the Kosuth’s Chair, en la que ingeriste una tarjeta de memoria con la réplica 3D de la famosa silla que protagoniza la obra de Joseph Kosuth One and three chairs (1965). En primer lugar, me gustaría saber qué tal te encuentras. ¿Estás bien?

Me alegra que me hagas esta pregunta porque directamente alude a los límites del arte, esos límites que tantas veces se han cruzado y en los que tantas veces nos hemos chocado. En toda creación artística hay una suerte de riesgo y apuesta. Un riesgo que a veces es controlado y en otras ocasiones está totalmente sujeto a las leyes de la naturaleza. En este caso, una simple acción, puede tener consecuencias dramáticas, pero nada que el cuerpo no soporte. Estamos diseñados para sobrevivir a mucho más de lo que nos esperamos e imaginamos, así que por suerte, sí, ¡estoy bien!

¿En qué consiste exactamente la acción y cómo surgió la idea?

Desde hace ya unos cuatro años está aflorando mi formación como historiador del arte de una manera mucho más evidente en los trabajos. Ese poso conceptual es la base de la mayor parte de mis creaciones y es la herramienta fundamental para la contextualización de mi obra. Analizando los procesos creativos que hasta la fecha diferentes artistas de la historia han ido empleando, implementando e imponiendo, uno, que ya va cumpliendo también sus años, saca sus propias conclusiones. Quizá esas conclusiones que van haciendo que la obra cada vez sea más madura, meditada y reposada. Bajo esta introducción y analizando obras de alto contenido conceptual, me interesó revisar la famosa obra de Kosuth y sobre todo, actualizar a la era digital su concepto de silla que ya venía proyectado por el propio Platón en una línea espacio temporal que yo he tratado de cerrar con la acción. Kosuth plantea tres niveles de comprensión del objeto (en este caso una silla) mediante las herramientas disponibles en su época (el texto, la imagen y la propia silla), pero claro Kosuth no pudo tener en cuenta una nueva silla en la que hoy nos sentamos todos… la silla digital, que a su vez, por definición, es intangible. Esa silla es la que yo he creado y a la vez he marcado su definitivo final, del que espero en un futuro otros artistas sean capaces de localizarle una resurrección. La idea de comer un concepto de silla me parecía muy potente y con unas connotaciones muy directas a lo que el archivo digital se refiere y por supuesto a la historia del arte como historia de la representación. Quería de alguna manera, interiorizar ese concepto de silla y llevarlo a las máximas consecuencias. La pieza concluye con un guiño directo a otro grande, Manzoni, con una pequeña pieza escultórica que contiene la “silla” digital ya procesada biológicamente o simplemente uno icono formal de la misma, porque en lo digital, todo es representación.

La acción, como intento explicar en uno de los videos que componen el montaje, es muy sencilla, llevar a cabo 3 simples pasos para hacer desaparecer la silla de Kosuth. Uno, digitalizar la silla de Kosuth mediante modelado 3D. Dos, introducir el archivo 3D en un dispositivo de almacenamiento digital como una tarjeta micro SD. Tres, ingerir la tarjeta.

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Solimán López, Making disappear the Kosuth’s Chair. Cortesía del artista, 2016.

¿Hay por tu parte una intención crítica de desmitificar, a través de esta apropiación iconofágica, los tópicos dominantes del sistema del arte contemporáneo?

Más que una desmitificación de tópicos, pretendo una actualización de conceptos a la era digital que tanto está cambiando nuestra manera de ver el mundo. Una era digital, que está reescribiendo la historia (por supuesto también la del arte) gracias a la cultura compartida en un proceso de aportaciones colectivas. Este cambio de paradigma en la creación de contenidos y en la revisión de la historia conlleva una mirada crítica por parte del artista y es en esa posición donde en ocasiones me siento cómodo. Por supuesto que el arte contemporáneo está cargado de tópicos, pero mi obra más allá de buscar una crítica hacia un sistema, pretende desde un punto de vista positivo, normalizar la creación más contemporánea, que sin duda se encuentra en las nuevas tecnologías como herramienta y medio, a través de una visión actualizada y con vistas al futuro más inmediato.

La referencia a obras y artistas del pasado es bastante presente en tu trabajo. Este planteamiento de arqueología reinterpetativa de la historia del arte (por así decirlo) me parece bastante evidente, por ejemplo, en la magnífica pieza (002fa7) HexelKlein (2016), que pude ver recientemente en Madrid, dentro de la sección JustTech de la feria JustMad 2016. ¿Me puedes hablar de esa obra en concreto y de la relación que estableces en tu trabajo con la historia del arte?

Como mencionaba anteriormente, la historia del arte es una historia basada en hechos puntuales supuestamente rupturistas. Esta metodología historiográfica, se basa en los movimientos a través de las figuras artísticas relevantes que han sido marcadas a dedo por un grupo de intelectuales, gracias a su trayectoria y aportaciones. En este sentido, esas figuras están expuestas a la comunidad y amantes del arte para ser representantes de un momento y tendencia de su tiempo, una responsabilidad sin duda enorme. Esta responsabilidad y facultad de haber sido referencia y bisagra para mí es muy importante y es lo que de verdad consolida a los grandes de la historia del arte como verdaderos referentes. En este sentido, estas piezas, siempre hechas desde el respeto, se configuran como homenaje y recirculación conceptual de procesos e ideas que a todos nos preocupan de alguna manera. Intenciones y actitudes que compartimos y que en mi caso, más allá de ser maquilladas, las pongo en primera línea de fuego para dialogar directamente con la historia. Cuando hablamos de arte contemporáneo, estamos dando por supuesto que hay uno moderno, y cuando hablamos de uno moderno entendemos que hay un clásico y así sucesivamente. En mi caso, parto del arte contemporáneo (entendido así por los historiadores) para posicionarme en un verdadero arte contemporáneo que es coetáneo a nuestro tiempo y que ya ha dejado atrás las vanguardias artísticas, para posicionarse en la esfera de lo digital como un movimiento en sí mismo y no como una era.

En concreto en HexelKlein actualizo la idea del registro de colores por parte de un artista, pero en el contexto de lo digital. Para ello me documenté concienzudamente sobre qué tono hexadecimal (la equivalencia con la que se representan los códigos en píxeles en la pantalla) correspondía de manera fiel al Azul Klein. Tras este proceso me dirigí al registro de la propiedad intelectual para depositar mi registro sobre este tono en píxeles a mi nombre además de realizar un registro en Creatives Commons. De este modo, juego con la propiedad de la representación de la obra de Klein en internet y la pantalla en general, ya que su obra lleva integrados los píxeles registrados a mi nombre. Formalmente la pieza se muestra con un píxel del tono #002fa7 en una mini pantalla y una serie de piezas paralelas que ayudan a entender el concepto, así como una obra de net-art en www.002fa7.com en la que sólo un pixel con el tono descrito se representa en la web.

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Solimán López, (002fa7) HexelKlein. Cortesía del artista, 2016.

Otro elemento característico de tu obra (casi un sello distintivo de la casa) es, en mi opinión, la exploración de la relación que existe, en el arte actual, entre lo digital y lo objetual; lo soft y lo hard; lo intangible y lo material. Pienso, por ejemplo, en tu pieza FramedMemoryCardV.01 (2014), que también expusiste en JustTech 2016. Pero se me ocurren también proyectos como Gutenberg Discontinuity (un work in progress empezado en 2014), en el que llevas a cabo una serie de acciones en torno al tema del enterramiento digital. Aquí lo que haces es enterrar en cada acción un ordenador que contiene en su disco duro un único archivo, que corresponde a un disco duro en 3D con una leyenda sobre las coordenadas espaciales del ordenador enterrado. El resultado de la acción se resume en su documentación fotográfica y videográfica, un ejemplar único impreso en 3D del archivo enterrado y muestras del terreno donde se enterró el ordenador. ¿Me puedes hablar de este proyecto y de cómo abordas en general la relación entre lo intangible y lo material en tu trabajo?

En FramedMemoryCardV.01 me interesaba especialmente la relación entre dos tipos de contenedores, ese que llamamos digital a través de una tarjeta de memoria y ese que llamamos físico, que es una gran masa de aluminio macizo que funciona como “packaging” de la información digital. La relación entre lo tangible e intangible, como mencionas, siempre me ha interesado de manera especial. En realidad, es una profunda investigación en la que sigo divagando y sinceramente todavía no he logrado encontrar la síntesis necesaria. Lo que sí tengo claro de una manera certera es que el arte se está desmaterializando, como toda nuestra cultura en general, y que esta conclusión es gracias a haber contrapuesto estos términos en ya muchas ocasiones. En Gutenberg, la pieza que desarrollo con Rubén Tortosa, además nos planteamos temas como la reproducibilidad en el arte, que siempre ha sido una cuestión espinosa. En ocasiones, para poner de manifiesto determinadas cuestiones, hay que jugar a los polos opuestos y quizá esa sea la clave con la que abordo estas cuestiones.

Lo digital sigue siendo dependiente de una interfaz y un contenedor, cuestión que se hace evidente en FramedMemoryCardV.01. Una idea que no voy a abandonar todavía ya que para mí estamos en una suerte de “Dataismo” que debe ser almacenado en contenedores, con aspecto de arte o desprovisto de él, porque el dato es lo que realmente ahora está marcando una tendencia creativa y artística. Una cuestión que, si miramos atrás, siempre ha sido igual, ya que la obra de arte no deja de ser más que información desarrollada en diferentes soportes. Como conclusión, decir que siempre ha existido esa relación entre lo tangible y lo intangible en el arte, ya que la evocación siempre está presente y esa evocación es intocable, al igual que el arte digital. Por otra parte, matizar, que en estas piezas, al igual que le ocurre a otras muchas, como L´air du Paris de Duchamp por ejemplo, hay un alto grado de fe en la obra, ya que el espectador debe confiar y presuponer la verdad del artista.

Espero que los próximos espectadores vengan con la fe necesaria para disfrutar de la pieza en el enterramiento programado para el día 17 de Junio en la UNESP de Assis en Brasil.

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Solimán López, FramedMemoryCardV.01. Cortesía del artista, 2016.

En otro proyecto más reciente, Harddiskmuseum (empezado en 2015), continuas de alguna manera la línea trazada con Gutenberg Discontinuity, extendiendo las reflexiones sobre la obra de arte digital al ámbito más amplio del sistema del arte. De hecho, en Harddiskmuseum abres una reflexión muy interesante sobre la razón de ser de la institución museística hoy en día, confrontando la idea de inmaterialidad de lo digital con la tridimensionalidad del espacio canónico de exhibición del arte. ¿En qué consiste exactamente Harddiskmuseum?

Harddiskmuseum se entiende como un repositorio de obras de arte únicas almacenadas en un disco duro, que se convierte en obra de arte colectiva. El dispositivo se encuentra siempre offline, en un juego con la propia etiología de lo digital que quizá navegue contracorriente en los conceptos de internet, pero precisamente ahí radica su originalidad y discurso. El proyecto pretende reivindicar lo que da vida a la creatividad dependiente de lo digital, los archivos. Es totalmente legítimo decir que sin archivo (file) no hay obra de arte digital, interactivos, video, sonidos, fotografía digital… Pese a esta cuestión esta semilla no goza de su espacio en el mundo del arte y nos obsesionamos por conservar devices e interfaces que en muchas ocasiones son reproducibles. ¿Pero qué ocurre si se pierden los ceros y unos?

Tras esta reflexión, entendí que en el mundo del arte no hay un espacio de justicia para estos archivos y decidí tomar un camino de largo recorrido ya que es un work in progress que no tiene un final definido y que el propio devenir del arte irá marcando.

El proyecto está teniendo una acogida espectacular entre los artistas, porque entienden que su trabajo con este dispositivo se ve homenajeado como se merece. La obra sigue creciendo y en el proyecto ya hay más de 15 artistas internacionales, a los que se sumarán a lo largo de este año una cifra similar con la intención de conseguir un gran repositorio de archivos únicos de arte. Allí donde voy, estoy estableciendo vínculos y encuentros con artistas residentes que van incorporando sus obras al museo.

Hace poco estrenaste oficialmente este proyecto en Valencia, donde tuvo lugar la primera sesión en vivo de Hardiskmusuem transmitida en livestreaming. En breve empezarás una gira que te llevará a varios sitios de España, a Brasil, a Argentina y a otros países de América Latina. ¿Qué es lo que se encontrará el espectador de estas sesiones?

La primera sesión tuvo lugar en Las Naves, el centro de creación contemporánea más representativo en Valencia, que goza de un espacio privilegiado para este tipo de eventos. Fue la primera de estas sesiones, en las que experimento con el formato que alude a lo performativo e incluso lanza guiños a las presentaciones de productos digitales que acostumbramos a ver en los grandes congresos de tecnología, en las que el emisor (generalmente el propietario de la gran compañía) explica al público las novedades de sus productos. En este caso, el discurso es más elevado y lo que desarrollo es la visita por el disco duro y sus obras integradas, deteniéndome en la obra de los artistas que conforman la colección del proyecto; hablando sobre ellos y su trabajo; acercando al público de una manera presencial lo que entendemos como intangible y, sobre todo, obligando a este público a disfrutar del contenido creado de una manera relajada.

Efectivamente, la acogida internacional del proyecto está siendo muy grande y me llevará a una pequeña gira por Brasil, Argentina y Uruguay, donde pisaré museos de arte contemporáneo, galerías y universidades, intentando transmitir lo intangible.

Solimán López, HDDM Live Session V01. Las Naves, Valencia, 7 de abril de 2016.

El elemento de la acción en vivo es otro aspecto bastante recurrente en tu trabajo. En varias de tus obras existe una relación muy estrecha entre la creación digital, la performance y la participación del público. En Tecometrias (2013), por ejemplo, realizaste una serie de acciones en las que utilizas un iphone para convertir datos de mediciones espaciales en huellas matéricas. Aquí la tecnología se relaciona con el cuerpo físico, dejando rastros objetivos, muy tangibles. Por cierto, en ese proyecto encontramos otra alusión explicita a Yves Klein y a sus Antropometrias. ¿Qué importancia tiene, para ti, la dimensión performativa y participativa de la obra?

Detrás de todo dispositivo digital, creación, avance tecnológico… está la figura humana en la sombra, cada vez más diluida, eso sí, ya que nos espera ver avances insospechados basados en la inteligencia artificial y lo autogenerativo.

Esta cuestión no podemos dejarla pasar por alto, me interesa mucho la idea de hablar de lo digital, pero desde un punto de vista físico: enfrentar al espectador tanto física, como mentalmente con lo virtual y hacerle consciente de su participación en esto que llamamos espacio híbrido. En Tecnometrías, que como bien mencionas, de nuevo, lanza un abrazo paternal a Klein, los participantes y público recaen en la cuenta de la dimensión física que tiene el volumen de información digital que creamos a diario y de la que somos partícipes y consumidores. Estas mediciones se hacen para realizar equivalencias, comparaciones y proyectar resultados visibles al público. Si en un teléfono podemos almacenar un millar de imágenes, ¿qué cantidad de imágenes “caben” en un museo, si este es capaz de almacenar millones de teléfonos físicamente? De manera indirecta, pongo en tela de juicio el significado del espacio museístico como contenedor de imágenes. El participante, de esta manera, dibuja una imagen mental de la arquitectura, repleta de imágenes digitales flotando en el espacio, y sintiéndose parte de este mencionado espacio híbrido. La pieza la desarrollaré también en el Museo de arte contemporáneo de Bahía Blanca (Argentina).

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Solimán López, Tecnometrías. Cortesía IVAM, Solimán López, 2016.

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Solimán López, Tecnometrías. Cortesía IVAM, Solimán López, 2016.

Una de las cuestiones más problemáticas para el arte digital, además de su exhibición y conservación, es sin duda su comercialización. ¿Existe hoy en día un mercado para el arte digital?

Se están ideando múltiples propuestas y respuestas para la inserción comercial del arte digital. A mí es un reto que personalmente me apasiona en la medida que me obliga a repensar fórmulas de acercamiento de la obra a tierra. Pienso que estamos en un momento maravilloso, una auténtica revolución de las imágenes y datos, que podríamos resumir en mi mencionado Dataismo, término que me atribuyo y del que estoy preparando algunas definiciones para entenderlo mejor.

El panorama no se presenta sencillo de resolver sin duda, industrias tan potentes como la de la música llevan años intentando hacerlo. Lo que sí tengo claro es que la solución parte por el consumo generalizado, lo cual es sin duda una democratización del coleccionismo. Las claves están en la propia cultura digital, muchos que compran por poquito, en lugar de pocos que compran por mucho.

Cuando los artistas entendamos esta manera de operar y el público se despoje del concepto de lo material asociado al arte, el sector gozará de pleno rendimiento. Actualmente creo que estamos a un 5% de la capacidad disponible y queda mucho camino por recorrer. El coleccionismo suele aludir a un sector de población que tiene un poder adquisitivo resuelto y eso llega con la edad, una edad que a veces ha configurado una visión del arte que quizá está algo estancada en los tiempos que corren. El coleccionismo de arte digital se localiza en las generaciones que viene detrás y lo digo por experiencia real. Las generaciones que se enclavan ya en la cultura digital disfrutan de mayor manera estas manifestaciones propias de nuestro tiempo y denostan las que podríamos definir como más clásicas. Esta circunstancia ocurre a la inversa y los actuales coleccionistas (por supuesto hay excepciones) todavía no han entrado de lleno a la comprensión del media art.

Es cuestión de tiempo y así lo ha sido siempre. Estamos en plena vanguardia y sólo la distancia temporal escribirá por nosotros para revalorizar todo aquello que estamos haciendo. Iré haciéndome mi avatar para que el boom del consumo de arte digital por parte del mercado no me pille post mortem :) .

¿Cómo ves la situación actual del arte digital en España?

La situación aquí está mejor que hace unos años, pero sin duda falta mucho camino por recorrer.

Exposiciones como la de Abalí, Steyerl o Andujar en el Reina o Ikeda en el EACC, en los últimos meses van atisbando un futuro más cercano a los discursos reflexivos sobre la imagen y usos de nuestro tiempo y están sacando este tipo de arte de los nuevos medios de los laboratorios de investigación, para ponerlo ya en la palestra del arte con mayúsculas.

Queda mucho camino por recorrer y mi generación, para eso, debe ser muy responsable en tener una posición analítica ante el paradigma en el que estamos. La innovación se produce en muchos campos, pero sin duda en el de los nuevos medios hay más probabilidades de evolucionar, ya que hay mucho por hacer por su juventud y para apoyar esta tendencia debe haber gente que se arriesgue con ella. Quizá sea la apuesta más segura de las últimas vanguardias hasta la fecha, pues el arte digital ha venido para quedarse, así que animo a los coleccionistas españoles a construir el legado del futuro digital.

Aún así, pienso que el público general tiene mucho que decir en este campo ya que como comentaba anteriormente la respuesta a la economía digital radica en el colectivo, en la adquisición masiva de contenidos que en su suma generarán recursos para la creación. El sistema ahora es más cercano al meeting digital, con cientos de compras, que a la tarde de gyn tonic con un único coleccionista. Este comentario no significa que denostemos ciertas prácticas, pero sí que seamos conscientes de las mejores para el sector y para la evolución creativa.

Las galerías tienen por su parte un gran reto por delante para identificar y localizar las claves de este mercado, o tendrán grandes problemas de supervivencia.

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Solimán López, Gutenberg Discontinuity, 2015. Cortesía del artista, 2016.

¿Crees que definiciones como “new media art” o “arte digital” sean las más adecuadas para definir tu trabajo? ¿No sería más apropiado definirlo, tal vez, simplemente como “arte contemporáneo”? Al fin y al cabo, todo tipo de arte que se produce en una determinada época es contemporáneo… Hoy en día internet y las herramientas digitales son un espacio cultural y unos dispositivos que forman parte ineludible de nuestra vida cotidiana. Los artistas de hoy tenéis internet y las herramientas digitales a vuestro alcance exactamente igual que en otras épocas teníais pincel, lienzo, mármol y cincel. ¿Qué opinas al respecto?

Esta pregunta es compleja y profunda y me alegra que la hagas. Brea tendría mucho más que decir que yo en sus definiciones tan acertadas sobre las disciplinas de creación relacionadas con lo digital, pero intentaré transmitir mi opinión.

Creo que estamos definitivamente en el momento de repensar todos estos conceptos. El término contemporáneo ya ha dejado de tener mucho sentido es su definición alusiva a lo digital, ya que la multipantalla, la virtualidad o la huella digital están rompiendo la barrera del espacio-tiempo. En internet parece que todo está actualizado y, si no es por el chivato que dice “publicado hace…”, podríamos pensar que todo es de hoy.

La pantalla otorga un pátina de actualización y limpieza que el papel no tiene, ya que se degrada y desbasta con el tiempo.

Para mí, el término “contemporáneo”, como bien dices, alude a lo que se hace en tiempo y desde ese punto de vista es correcto apuntalarlo. Lo que está equivocado es a lo que se dice que es contemporáneo. En mi opinión, lo contemporáneo debe tocar las estructuras de la revolución digital, como ya ocurrió en la industrial, ya que, dentro de todas los posibles elementos de análisis de nuestra actualidad, sin duda es el más grande de todos ellos, ya que ha cambiado nuestra estructura social; nuestra manera de comunicarnos y, con el tiempo, hasta nuestra morfología cerebral y corporal. Un cambio así no puede dejarse pasar desapercibido por el arte, entendiendo éste como un proceso evolutivo en los estilos.

En cuanto al término “new media art” también es arriesgado, ya que a la velocidad que vamos, el incorporar la palabra “new” en una disciplina me da vértigo, pero por desgracia hay que ponerle nombre a las cosas.

Por ejemplo, estoy experimentando con herramientas creativas en realidad virtual y algunas de ellas creo que todavía no tienen nombre: no son pintura; no son escultura, ya que éstas requieren un espacio de formalización tangible. Son otra cosa, que está por definir y que con el tiempo se acuñarán (de momento tengo bastante con Tecnometrías, Dataismo, Infomanía..) ;) .

En general, ya me siento algo incómodo con la etiqueta de “artista”, así que imagina cuando hay que pensar en cual sub-etiqueta hay que elegir para definir lo que uno hace dentro de ese cajón de sastre.

Son términos que, más que definir, lo que hacen es “no definir”, es decir, extraer de un grupo por negación y no por definición, son más bien términos para decir lo que no es que lo que se es. En ese sentido, me valen.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Nos puedes adelantar algo sobre tus proyectos futuros?

Actualmente estoy con toda la logística necesaria para la gira sudamericana con el Harddiskmuseum, Tecnometrías y Gutenberg Discontinuity e ideando nuevas piezas, que siguen por la línea del arte como repositorio de información. Tengo una intervención en el Festival ArtSur de Córdoba, antes de este viaje a América, ciudad que me ha dado mucho y con la cual colaboro siempre que puedo. He viajado a Bilbao, para una conferencia en Technarte y después de verano participo en el Festival de Videoarte Proyector, en el que he sido seleccionado. Mientras, y de manera muy reflexiva, estoy preparando un proyecto para lo que sería mi próxima exposición, que pretende recopilar la documentación de todos estos trabajos desarrollados en los últimos 4 años, así como nuevas piezas, que espero pueda mostrar en la geografía española. Me haría mucha ilusión poder desplegar todos estos conceptos y acercarlos al público español del mismo modo que lo están acogiendo en el extranjero.

 


 

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