2084: tiempo digital y control social

Reseña de libro “El tiempo digital. Narciso Narcotizado”. Autor: Javier Chozas. Género: Ensayo. Año: 2014. Editorial: Diseño. 159 pp.

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Javier Chozas, “El tiempo digital. Narciso Narcotizado”, 2014.

Siempre digo que, en términos de control social, el escenario distópico prefigurado por George Orwell en 1984 es poco con respecto a lo que estamos viviendo hoy en día; aunque la realidad nos aparezca mucho menos lúgubre y más entretenida de la descrita en dicha novela y dispongamos de smartphones y gafas 3D. Y no podría estar más de acuerdo con Juan Martín Prada cuando, en su extraordinario libro Prácticas artísticas e Internet en la época de las redes sociales, afirma que «es posible que las nuevas tecnologías de la red hoy no sean tanto un instrumento para la dominación (o para la contradominación) como la dominación misma» (p. 66).

Vivimos en una época en la que, a raíz de la difusión de las tecnologías digitales y especialmente la penetración de la web 2.0 en la profundidad de nuestra existencia, la distinción entre dominado y dominante se va haciendo cada vez más difuminada. Los sujetos, los lugares y las herramientas propias del Poder resultan menos reconocibles e identificables que nunca. La dominación global ya es un hecho y no necesita imponerse; ni con la fuerza, ni con el engaño y ni siquiera con una búsqueda formal del consenso. Todos nos controlamos entre nosotros a través de la información que emitimos y recibimos incesantemente a través de las redes sociales y las otras herramientas propias de la web 2.0.

(Los que utilizamos cotidianamente internet y las redes sociales) somos, hoy en día, a la vez vigilantes y vigilados voluntarios. Participamos de la dominación digital, formando parte de ella como víctimas y como cómplices al mismo tiempo. La representación “social”, “afectiva” y “experiencial” de la estructuración actual del poder global, que con un eufemismo definimos mórbidamente como “sociedad red” es, en realidad, un sistema de poder material y simbólico en el cual siguen habiendo elites de poder (como siempre las ha habido a lo largo de la historia humana) que, a diferencia de lo que solía pasar hasta hace pocas décadas, no se preocupan de someter explícitamente a los dominados cuanto de hacer que éstos sean su “aliados”; simulando una convivencia cordial y armónica entre todas las partes en juego en el sistema social. La representación hegemónica, y más perpetuada a través de los códigos y los discursos de las redes sociales y en general de la web 2.0, es la representación de un mundo feliz y sin contradicciones. Vivimos en “un mundo feliz”, como vaticinó hace casi medio siglo Aldous Huxley en otra novela fundamental de la narrativa distópica del siglo XX, Brave New World.

Las que se nos presentaron hace poco más de dos décadas como “tecnologías de la libertad” (Ithiel de Sola Pool, Technologies of Freedom, 1988) – Internet en un principio y hoy en día la web 2.0 – están manifestando otra cara ineludible de su esencia ambivalente: la posibilidad de ser a la vez también (y quizás sobre todo) “tecnologías del poder”.

No digo todo esto por ser apocalíptico y derrotista. Lo que pasa es que, como todos sabemos muy bien, en realidad, la tecnología de por sí no es ni buena ni mala. De hecho, su cualidad depende exclusivamente del uso que hagamos de ella; sea Internet, un palo o la dinamita. No tiene sentido, desde luego, demonizar a la tecnología. Como tampoco tiene sentido idealizarla e idolatrarla. Hacemos con la tecnología lo que queremos más conveniente. El punto por lo tanto es qué es lo que nos más conviene que hagamos a través de la tecnología.

Transcurro la mayoría de mi tiempo diario enganchado a internet y las redes sociales y soy perfectamente consciente de su utilidad y de los beneficios que estas tecnologías aportan a mi vida, a mi trabajo a mis relaciones personales y profesionales. Soy perfectamente consciente de que estamos atravesando una fase evolutiva que, como afirma Giovanni Sartori, probablemente está conllevando una mutación genética de la especie humana. Y es bastante probable que en la nueva condición “post-sapiens” del género humano la tecnologías tendrán un papel aún más importante (mientras duren, digo yo; pero éste ya es otro asunto y lo vamos a dejar aquí, a lo mejor para otro post…).

Por otra parte, sin embargo, no podemos negar que Internet se está revelando cada vez más por lo que realmente es: un nuevo Golem; uno más de los tantos que hemos creado a lo largo de nuestra historia colectiva. Llamémoslo – si se prefiere utilizar una representación mitológica más moderna – HAL 9000, como la supercomputadora de bordo de la nave espacial Discovery de la película 2001: A Space Odyssey. Llamémoslo así, pero la sustancia no cambia. Internet – sí él también – se nos está volviendo contra. A través de las web 2.0 nos estamos quedando atrapados dentro de una red de poder – una red del Poder – en la que todos somos sometidos al mismo «control biopolítico» (Juan Martín Prada). El Poder ya no controla nuestras vidas, sino que se funde con la vida misma; está por doquier moldeando la construcción de nuestra subjetividad real a partir de nuestra «identidad digital» (Negroponte).

Como escribe Juan Martín Prada en otro libro magistral, Otro tiempo para le arte  (2012): «Hoy la conversión de todo dispositivo tecnológico en uno de producción visual – proceso sin duda liderado por los teléfonos móviles, que pronto devinieron potentes cámaras de fotos a la vez que pequeñas consolas de videojuegos y reproductores de audio y video – profundiza drásticamente en el poder de la pantalla como el elemento más característico ya de nuestra época, situándonos en un no-poder-parar-de-ver mediático que quizá explique la tan escuchada afirmación de que somos incapaces de comprender el mundo al ser incapaces ya de representarlo» (p. 93).

Javier Chozas

Javier Chozas.

Si consideramos la actividad del artista como el fruto de una intención de tematizar y elaborar autónomamente su experiencia vital en la época en la que le ha tocado vivir, resulta bastante claro como – en una época como la actual, tan profundamente marcada por la presencia de una cultura digital que se sustenta principalmente sobre un flujo continuo de interacciones emocionales y un intercambio generalizado de información de todo tipo – las redes sociales y las tecnologías digitales constituyen un ámbito existencial cada vez más explorado por la reflexión teórica y la creación poética y plástica contemporánea.

En este sentido, considero de extrema actualidad, y de grandísimo interés, el ensayo El tiempo digital. Narciso Narcotizado escrito por el artista español Javier Chozas. Publicado este año, el libro fue redactado por el autor en La Casa Velázquez de Madrid durante su residencia artística en 2013. Se trata de la versión ampliada del Trabajo Fin de Master del MACI (Master de Arte, Creación e Investigación) que Chozas defendió en la Facultad de Bellas Artes de la UCM de Madrid. Consta de 159 páginas, en las que el ensayo se puede leer en dos idiomas: castellano e inglés.

Hacía bastante tiempo que deseaba leer un libro tan lúcido y denso de contenido que reflexionara sobre un tema que me obsesiona sobremanera – el tema del control social y de la falta de libertad que se suele disfrazar bajo la ideología “afectiva” de la “participación” y de la “experiencia compartida” – relacionado con la creación artística actual. Es sin duda uno de lo libros más interesante que he leído en los últimos meses.

Artista multidisciplinar, Chozas lleva años plasmando en diferentes formatos una inquietud especial por temáticas ligadas a la cultura digital que está caracterizando estas primeras décadas del Siglo XXI; temáticas como por ejemplo la imposibilidad de abarcar toda la información a la que estamos expuestos, la hipertrofia del ego y la lógica autorreferencial y narcisista que subyace a la construcción de la identidad digital, el alejamiento de la realidad que produce el “nuevo” tiempo digital, la revisión del concepto de “éxito” en relación al uso de las redes sociales etc. El pasado mes de mayo pudimos ver en vivo la compleja instalación del proyecto Greatest Hits, que se expuso en Madrid en la última edición de Intransit. El proyecto problematiza las vivencias individuales del artista, plasmando de manera crítica la tensión entre la vida real y la vida digital, considerada como un nuevo territorio de conflicto en el cual el utilizo de las redes sociales estaría llevando a cabo profundas transformaciones en la identidad subjetiva; con efectos de narcotización, desconcierto, aumento de la soledad y de la ansiedad.

Javier Chozas, Greatest Hits, Intransit, 2014.

Javier Chozas, Greatest Hits, Intransit, 2014.

En este ensayo Chozas cumple un gran esfuerzo de sistematización teórica de sus inquietudes estéticas, poéticas y existenciales. Asimismo, redacta sus páginas con la soltura de un estilo claro y sencillo que consigue adentrar también a un lector no experto en un campo de reflexiones de grandísima actualidad. Se trata de un esfuerzo notable y totalmente logrado, que pone en relación, por un lado, los análisis de algunos de los gigantes del pensamiento contemporáneo que se han cimentado a lo largo del tiempo con estas problemáticas – entre los que podemos recordar por ejemplo McLuhan, Debord, Baudrillard, Baumann, Sartori, Brea, Prada entre otros – y, por otro lado, los logros formales, plásticos y conceptuales, de su propio trabajo y del de artistas del panorama internacional, como por ejemplo Bruce Nauman, David Cronenberg, Cildo Meireles, Jake and Dinos Chapman, Damien Hirst, Paul McCarthy o Ryoji Ikeda y muchos otros. El ensayo, en este sentido, se articula según dos líneas paralelas: por un lado el texto escrito, en el que Chozas expone sus argumentaciones con abundancia de referencias bibliográficas; por otro lado, un discurso visual en el que el artista desarrolla las líneas temáticas a través de la referencia a concretas soluciones poéticas y formales de estas problemáticas. Como sociólogo, y especialmente como sociólogo que se dedica a escribir de arte, he valorado mucho esta capacidad de lectura, compleja y desde perspectivas diferentes de la realidad.

La tesis fundamental del libro es que el “tiempo digital” – el nuevo modelo de tiempo asociado a la aparición del mundo virtual, que rompe con la tradición lineal del tiempo de tipo clásico – estaría anestesiando a los individuos que durante su conexión telemática se encuentran suspendidos, como en un hechizo, en una condición de “latencia vital” y de “ausencia”. Como escribe el mismo Chozas: «El tiempo digital reproduce patrones de comportamiento similares a los estados de éxtasis que proporcionan las drogas o los estados orgásmicos, y lo que es más curioso, se encuentra envuelto en una estructura aparentemente antagónica, como es aquella definida por la voracidad, la inmediatez, la urgencia, que parece regir nuestro comportamiento hoy». Y añade: «el tiempo digital no es sino la consecuencia lógica del desplazamiento hasta el extremo de esta situación en relación con las lógicas de consumo que rigen el uso de las redes sociales de Internet» (p28).

Javier Chozas, Greatest Hits, Intransit, 2014.

 Javier Chozas, Greatest Hits, Intransit, 2014.

Las reflexiones teóricas críticas de Chozas, y en sintonía con ellas, su producción plástica interdisciplinar, parten esencialmente de una pregunta explícita que el se pone y nos pone a todos provocativamente: «si en las redes sociales cada vez más necesitamos hablar de nosotros, con una dependencia objetiva de dosis cada vez mayores de autorreferencialidad; estando sometidos a la tiranía del hedonismo y a una pulsión de consumo incesante de información ¿cuál es el destino de este camino? ¿Podría ser que, hoy en día, las ficciones distópicas de 1984 y Un mundo feliz no fueran ni tan ficciones ni tan distópicas»?

 

 

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