Historia del Arte, historias de arte

Reseña de libro “¿Qué estás mirando? 150 años de Arte Moderno en un abrir y cerrar de ojos”. Por Will Gompertz.

Título: “¿Qué estás mirando? 150 años de Arte Moderno en un abrir y cerrar de ojos”; Autor: Will Gompertz; Género: Ensayo; Año: 2013; Editorial: Taurus (Madrid); 472 pp.

Will Gompertz, ¿Qué estás mirando?, Taurus, Madrid, 2013.

 

No existe, realmente, el Arte. Y no lo digo yo, aunque me identifico bastante con la intención provocativa del autor de esta frase. Estas cinco palabras, como muchos seguramente ya habrán intuido, componen el célebre incipit con el cual Ernst H. Gombrich (1909-2001) abre su libro monumental La Historia del Arte (The Story of Art), publicado por primera vez en Londres en 1950.

En esta obra, que representa sin duda uno de los volúmenes más conocidos que se hayan jamás publicado sobre Historia del Arte, Gombrich cuenta la historia de lo que se suele llamar Arte, con mayúsculas, a partir de una perspectiva pedagógica dirigida a un público no especialista de la materia: fundamentalmente, a los jóvenes. En el Prefacio, escribía Gombrich: «Este libro se dirige a todos aquellos que sienten la necesidad de una primera orientación en un terreno fascinante y extraño. Desea mostrar a los recién llegados a él los yacimientos de este terreno sin abrumarles con pormenores; confío en facilitarles algún orden inteligible de la abundancia de nombres, épocas y estilos que colman las páginas de obras más ambiciosas, y prepararles así para que consulten libros más especializados. (…) Confío en que los lectores no atribuirán mi decisión de servirme del mínimo de los términos convencionales, propios de los historiadores del arte, a ningún deseo por mi parte de descender hasta ellos. ¿Acaso no son, con mayor motivo, los que abusan de un lenguaje científico – no para ilustrar sino para impresionar al lector – quienes descienden hasta nosotros como si vinieran de las nubes?»

En este sentido, que el Arte no existe quiere decir que si entendemos el arte como una ciencia para pocos iniciados; un conocimiento exotérico para especialistas aventajados; sacerdotes de lo bello; almas especialmente sensibles, o cualquier otro tipo de segmento socialmente excluyente, en realidad no estamos hablando que de una mera invención. Una construcción, artificial y artificiosa, de tipo elitista. Retomando el incipit de Gombrich en su forma literal completa: «No existe, realmente el Arte. Tan sólo hay artistas». O, como decía el filósofo italiano Luigi Pareyson, «el arte no es conocer, sino hacer».

Nos damos cuenta todos de que hoy en día una cierta actitud excluyente y elitista por parte de una gran parte del sistema del arte sigue estando muy difundida en nuestra sociedad. Y lo es por una razón muy simple, que al fin y al cabo sigue siendo la misma de siempre. Una razón que vale tanto si hablamos de arte como de cualquier otro ámbito de la socialización humana. Y es, nada más y nada menos, que el mero poder. El poder social y económico, por supuesto, pero no solamente. También el poder simbólico (o “capital simbólico”, como lo llamó Bourdieu); el poder de influencia y, por ende, el poder de discriminar. Volvemos así a un tema que es un tópico ancestral y recurrente de la humanidad. Un tópico al que Gombrich se refiere de manera muy eficaz en su libro: el tópico del ídolo.

Pensemos en como, muchas veces, el Arte se presenta y se representa como el becerro de oro de nuestros tiempos. Es decir, como una mera forma adorada en sí y capaz de otorgar un poder sobre los demás a quién la maneja. Conllevando, inevitablemente, inclusiones y exclusiones: distinciones entre insiders y outsiders, amigos y enemigos. Afirma, a este propósito, Gombrich: «El Arte, escrita la palabra con A mayúscula, no existe, pues el Arte con A mayúscula tiene por esencia que ser un fantasma y un ídolo. Podéis abrumar a un artista diciéndole que lo que acaba de realizar acaso sea muy bueno a su manera, sólo que no es Arte. (…) En verdad, no creo que haya ningún motivo ilícito entre los que puedan hacer que guste una escultura o un cuadro».

Más de medio siglo después de que Gombrich, en su obra magna, introdujera el lector a la Historia del Arte a partir de una crítica de la dimensión “fantasmática” de su representación ideal y elitista, y dentro del mismo surco didáctico y divulgativo, específicamente dirigido a un público de lectores no especialistas, el periodista británico William Edward Gompertz (1965) publicó en 2012 su ambicioso texto What Are You Looking At? 150 Years of Modern Art in the Blinking of an Eye. El libro ha sido traducido este año también al castellano, por la editorial Taurus de Madrid, con un título absolutamente fiel al original: ¿Qué estás mirando? 150 años de Arte Moderno en un abrir y cerrar de ojos.

Actual director de Arte de la BBC y antiguo director de la Tate Media (el área Multimedia y de Comunicación de la Tate Gallery de Londres), Gompertz declara explícitamente en la introducción del su libro una cierta deuda intelectual hacia la obra de Gombrich, a la que añade una referencia al ensayo El impacto de lo nuevo (The Shock of the New: Art and the Century of Change, 1991) de Robert Huges (1938-2001).

La intención del libro – en mi opinión, sin duda lograda – es la de ofrecer una guía informal para el estudio y la comprensión de las motivaciones, las inquietudes, las premisas y las soluciones formales de los problemas estéticos más significativos del arte contemporáneo que se han subseguido a lo largo del último siglo y medio, a partir del Impresionismo hasta nuestros días. Hay que especificar que no se trata de un manual de Historia del Arte. De hecho, su estructuración no es ni sistemática ni objetiva. Su forma literaria es narrativa, con un registro ameno que sigue un hilo discursivo cronológico tejido por el yo narrador del autor. Sin embargo, todas las referencias a hechos concretos, obras y movimientos artísticos están puntualmente documentadas con un gran esmero y abundancia de fechas y detalles.

El libro, en este sentido, consigue penetrar en el vivo de las cuestiones más decisivas del arte contemporáneo de una manera sutil y ligera, contando el avecindamiento a lo largo del tiempo de artistas y escuelas. Y lo hace a través de un estilo directo que, lejos de la retórica de la erudición, se adentra en las pliegas de las ambigüedades y las contradicciones de las historias de vida de los artistas más famosos. Es decir, acercado el lector a las vivencias de los protagonistas de la historia oficial del arte, siempre privilegiando la dimensión humana.

Al igual que Gombrich, Gompertz enfatiza el juego semántico que existe en la lengua inglesa entre los términos history (historia) y story (cuento). Se podría decir, a este propósito, que la historia narrada por el periodista británico es una Historia del Arte contada a través del concatenarse de una serie de cuentos sobre arte y artistas. Frescura, sencillez y aproximación lúdica atraviesan todo el libro, que a pesar de su consistencia (472 páginas) se deja leer en un soplo – o, como dice el título del libro, en un abrir y cerrar de ojos – gracias a la gran habilidad de escritor y comunicador de Gompertz.

Tal vez resulten un tanto forzados algunos pasajes puntuales en los que el autor parece preocuparse excesivamente de seducir a un público joven, tradicionalmente más distante del mundo del arte contemporáneo. Pienso, por ejemplo, en páginas como la en la que, introduciendo el Puntillismo de Seurat, Gompertz escribe: «Hoy en día la palabra “genio” pasa de mano en mano como un porro en un festival rock de los años setenta. Se califica de “genial” un vídeo colgado en YouTube en el que se ve a un niño mordiéndole un dedo a su hermano, al igual que al ganador de Factor X o a la última aplicación para móvil. No sé mu bien qué es lo que se califica de tal manera, pero sí sé que estoy seguro de que Jonathan Ive lo es. Es el hombre que ha aportado orden y belleza a la era de la informática en su labor como diseñador jefe de Apple Inc. Es el responsable del iMac, el iPod, el iPhone y el iPad. Y todo ello hace que considere al diseñador británico como un genio».

Si bien es cierto que lo que escribe aquí el autor es verdad, por otra parte también hay que reconocer que al leer esta líneas uno puede tener la sensación que quiera adoptar un tono excesivamente “juvenil”, lo cual aparece sinceramente innecesario, ya que a lo largo de todo el libro su escritura fluye de manera absolutamente agradable, eficaz y seductora. Además, no creo que haga falta nombrar todos y cada uno los productos de la línea “i” de Apple. El concepto ya quedaría perfectamente claro dejándolo caer de paso. De hecho, da un poco la sensación  de encontrarse frente a un disonante product placement.

Estoy seguro de que no es así y de que sea, la mía, sólo una interpretación conspiranoica. Dicho esto, el libro es sin duda un acierto y constituye una herramienta de gran utilidad para acercarse al abigarrado y cada vez más complejo mundo del arte actual; deconstruyendo algunos de los falsos mitos y absurdos estereotipos que hoy en día le rodean. Un libro, en definitiva, muy recomendable.


 

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