La cabeza de Paul – por Miguel Calzada

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band With a Little Help from My Friends Lucy in the Sky with Diamonds Getting Better Fixing a Hole She’s Leaving Home Being for the Benefit or Mr. Kite! Within You Without You When I’m Sixty Four Lovely...

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967)

  1. Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band
  2. With a Little Help from My Friends
  3. Lucy in the Sky with Diamonds
  4. Getting Better
  5. Fixing a Hole
  6. She’s Leaving Home
  7. Being for the Benefit or Mr. Kite!
  8. Within You Without You
  9. When I’m Sixty Four
  10. Lovely Rita
  11. Good Morning Good Morning
  12. Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (Reprise)
  13. A Day In The Life

 

 

La cabeza de Paul Mc Cartney rodaba sobre el asfalto, libre al fin de las ataduras de su cuerpo, sin tener que rendir cuentas a la cabeza de John Lennon. El Aston Martin había chocado contra un inmenso autobús amarillo que bien podría haber sido un submarino. El cadáver atravesó el parabrisas y en su parábola sufrió un tajo seco y certero a la altura del cuello. La cabeza de Paul caía a un arroyo típicamente británico, provocando remolinos en las aguas y desbandadas entre los patos. ¿Flotan las cabezas? ¿Flotaba la cabeza de Mc Cartney? La cabeza de Paul era solo un cráneo con demasiado pelo para los gustos de la época.

Las llaman leyendas urbanas aunque se cuenten en el campo. Son copias de una copia de otra copia, perdiendo originalidad durante el pirateo. Por eso las mejores son diferentes, incluso opuestas. Porque Elvis está vivo, Kennedy está vivo, Bin Laden está vivo… Pero Paul está muerto.

Antes nos reuníamos en las tiendas de vinilos y nos comunicábamos mediante la sección de cartas al director de algún marginal fanzine. Ahora nada de eso existe. Ahora tenemos Internet. Nos excitamos en los foros y mantenemos miles de blogs con pruebas irrefutables. Analizamos las felicitaciones navideñas de los Beatles. Comparamos las voces de Paul en uno y otro disco para demostrar que no es la misma. Enumeramos las evidencias que acreditan su muerte. Escuchamos una y otra vez la canción que José Feliciano escribió bajo pseudónimo al saber que Mc Cartney se había matado.

El 9 de noviembre de 1966 los Beatles ensayaban en los estudios de Abbey Road. Se preparaban para las sesiones de grabación del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, un disco de nombre insoportable que iba a cambiar la pauta seguida por la industria discográfica, los músicos populares y la nación de fans que creía protagonizar una revolución. El verano del amor estaba a la vuelta de la esquina, pero al fondo del pasillo se escondía el flashback de un mal viaje.

La psicodelia no era otra cosa que un terrón de azúcar empapado en ácido. Había imágenes caleidoscópicas y sensaciones microscópicas que se amplificaban hasta hacerse insoportables. La Banda de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta. La idea había salido de la cabeza de Paul. Al principio era solo una canción. Después fueron dos. Más tarde un álbum entero. Cuando los críticos lo escucharon dijeron que era un disco conceptual y entonces el concepto contagió al resto de bandas de corazones solitarios. Pronto la mitad de los discos que se grababan eran conceptuales, aunque el concepto siempre fuese el mismo.

Los Beatles estaban cansados de ser los Beatles. Nos pasa a todos. Te levantas cuando aún no ha amanecido y te arrastras hacia el transporte público pensando que ya has tenido suficiente gloria en esta vida. Te gustaría ser un hombre normal, un working class hero, en lugar del ciudadano John Lennon. Mientras tanto millones de oyentes apagan de un puñetazo el despertador. La violencia está al final del pasillo. Mark Chapman le pegó cinco tiros a John Lennon en 1980. Lo hizo porque estaba cansado de ser Mark Chapman. Nos pasa a todos.

El 9 de noviembre de 1966 los Beatles, hastiados de beatlemanía, inventaron una banda bajo la que cobijarse, un mundo paralelo en el que cambiaban de ropa y de peinado. No había sitio ya para la rivalidad entre John y Paul porque el líder era Billy Shears, álter ego de Ringo Starr. No había que ceñirse al estilo ye-ye y tampoco hacía falta un estribillo en cada canción. Eran solo otra banda más, sin historia y sin concepto, y podían hacer cualquier cosa.

Incluso morir. Aquella madrugada, tras abandonar Abbey Road, Paul se pasó de frenada. Su Aston Martin se salió de la carretera y su cabeza se separó de su cuerpo. Aún estamos comprobando parte de la información, pero algunas fuentes aseguran que no viajaba solo. Unas cuantas millas atrás había recogido a la chica de la curva.

Somos conspiradores que rastrean pistas con las que descubrir la verdad absoluta. Todo está conectado, todo guarda relación y hasta el más ínfimo detalle esconde una respuesta que nos quieren ocultar. Pinchando en un enlace llegas a otro y después a otro. Y así hasta descubrir el misterio, navegando entre mochilitas de ácido bórico y Neil Armstrong diciendo que jamás pisó la Luna. Somos los que creen que hay en marcha una gran conspiración y se reúnen para organizar otra aún mayor.

La chica de la curva se aparece sobre los derrapes de los coches, normalmente de noche, y es tan hermosa e indefensa que tienes que parar a recogerla y preguntar si está bien. Se monta contigo, normalmente en el asiento de atrás, como si fueses un taxista, y habla poco o no habla en absoluto. Cuando miras al espejito para ver si sigue allí comprendes que estás viajando solo, que no hay nadie, que ella ha desaparecido. Y entonces llega la curva y el derrape. Probablemente estás muerto.

Los Beatles habían sido sustituidos por la Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y Ringo Starr era ahora Billy Shears. Reemplazar a Mc Cartney fue algo más difícil. Un año antes la discográfica –ese ente maléfico- había organizado un concurso de dobles. Un policía canadiense llamado William Campbell había ganado gracias a su inquietante parecido con Paul.

William Campbell estaba cansado de ser William Campbell. Se levantaba antes del amanecer, se miraba en el espejito del baño y comprendía que estaba solo. Pensaba que ya había tenido suficiente rutina en esta vida, que no quería ser un hombre normal sino una estrella del rock. Nos pasa a todos.

En un claro homenaje a Frankenstein, a Campbell le sometieron a varias operaciones de cirugía estética para pulir sus rasgos. Hubo que recurrir al archivo fotográfico, al frágil recuerdo y a la escasa imaginación, ya que nadie fue capaz de encontrar la cabeza de Paul. Un grupo de buzos de los servicios secretos revisó hasta la última pulgada del fango que escondía aquel arroyo. Encontraron cabezas de rata, de vaca y de cerdo, pero al final tuvieron que llamar a la Reina e improvisar un pésame. Un año antes Su Majestad había nombrado caballero del Imperio Británico a aquel cráneo con corbata que había compuesto “Yesterday”, la banda sonora ideal para tomar el té en los jardines de Buckingham.

La broma de intentar ser otro resultó ser todo un desafío. William Campbell era cinco centímetros más alto que Paul, no era zurdo y no tenía ni idea de música. Era solo un policía de oficina, habituado a que le dictasen denuncias, órdenes y sermones. Hubo que reeducarle, apuntarle a clases de solfeo, adoctrinarle para que caminase encorvado. Le enseñaron a hablar y pensar como Paul. Le enseñaron a componer baladas de amor. Le enseñaron que el arte es, ante todo, imaginar significados que solo existen en tu cabeza. Pero procura mantenerla sobre los hombros, Willy.

El 10 de noviembre de 1967, cuando Scotland Yard (ese ente maléfico) terminó de limpiar la sangre, los Beatles anunciaron que jamás volverían a tocar en público. Y esta es la señal definitiva, nuestra victoria sobre quienes nos acusan de ser unos locos fetichistas, una banda de maníacos solitarios que fantasean para amenizar sus tristes vidas. Ya sabes, nos levantamos antes del amanecer y nos arrastramos hasta el transporte público.

Pero somos artistas, eso es lo que somos, porque ¿qué es el arte sino imaginar significados que solo están dentro de una cabeza que se aleja rodando y se sumerge en una corriente turbulenta? Creamos un nuevo mundo que se comunica con el viejo y ya no es necesario someterse a una Guerra Fría en la que tienes que elegir si prefieres las canciones de John Lennon o las de Paul Mc Cartney. Ya no hay que limitar la disidencia una hipotética tercera vía (George Harrison) porque nosotros hemos creado una cuarta dimensión llamada William Campbell y en el fondo somos la quinta columna que reventará este sistema desde dentro.

El 3 de febrero de 2013 Paul Mc Cartney se despierta en su casa de Londres cuando ya ha amanecido. Se arrastra hacia el baño y se mira en el espejo. Camino de los 71 años y prácticamente desahuciado en lo que a creatividad se refiere, Paul observa su reflejo y piensa que está cansado de ser William Campbell. Que lleva demasiadas millas viajando solo. Que le gustaría volver a ser un Beatle y dejar de ser una leyenda conceptual.

Todas las cabezas se hunden si las arrojas al agua, eso es lo que dicen los científicos. Pero tarde o temprano la cabeza de Paul saldrá a flote, y nosotros estaremos allí para verlo. Aparecerá río abajo o mar adentro, intacta e incorrupta como la chica de la curva a la que vuelves a preguntar si se encuentra bien, si necesita que la acerquen a algún sitio.

Porque ellos podrán ser más famosos que Jesucristo, pero nosotros les perseguiremos con la tenacidad de un Judas. Hasta que la cabeza deje de rodar.

 


 

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