ANIMAL-A. Poemario inédito de Rosana Antolí

ANIMAL-A. Poemario inédito de Rosana Antolí.  Edición e introducción a cargo de Nicola Mariani.   Rosana Antolí al lado de su obra “Impersonation 1” (2012). Foto: Rai Robledo. © Rai Robledo. Cortesía: Rosana Antolí. 2012.     Introducción Publicar palabras de artistas plásticos y visuales que no sean palabras, por...

ANIMAL-A. Poemario inédito de Rosana Antolí.  Edición e introducción a cargo de Nicola Mariani.

 

Rosana Antolí al lado de su obra “Impersonation 1” (2012). Foto: Rai Robledo.
© Rai Robledo. Cortesía: Rosana Antolí. 2012.

 

 

Introducción

Publicar palabras de artistas plásticos y visuales que no sean palabras, por así decirlo, “útiles”, es decir palabras directamente relacionadas con su trabajo artístico – como podrían ser, por ejemplo, palabras contenidas en una entrevista; una carta o una ponencia, o bien en un texto redactado ad hoc por el mismo artista para un catálogo; una nota de prensa o el folleto de una exposición – es algo siempre muy arriesgado, puesto que, al presentar estas palabras “no útiles” al público, es muy probable que quién se acerque a ellas caiga en la tentación ingenua e infundada de buscar, en ellas, algo que hable de la historia de vida del propio artista: nociones personales; anecdótas curiosas o incluso informaciones privadas: naderías que muy poco tienen que ver con la esencia de su original lenguaje artístico y la realidad, material y poética, de sus obras. Obras que, como todos sabemos, están realizadas for its own sake. Y que, al final del proceso creativo, son ya de por sí autosuficientes y faltas de innecesarias ilustraciones ulteriores (una obra que precisa de un “manual de instrucciones” añadida no es una obra acabada, a no ser que se trate de una pieza de arte con una vena conceptual – como podría ser por ejemplo la genial pieza de Hisae Ikenaga A distancia N.2, en la que el manual de instrucciones es efectivamente parte de la obra – pero por aquí ya nos adentraríamos en un camino largo y tortuoso que excede a este contexto). En buena sustancia, no hay que olvidar, nunca, que la personalidad artística y la personalidad humana del artista son dos cosas bien distintas.

Por otro lado, sería igualmente ingenuo e infundado pensar que el artista sea un ser sin historia y sin cultura. Es decir, alguien que vive aislado en un universo atemporal y autorreferencial, donde sólo caben sus musas inspiradoras y sus maestros ideales, y donde cultiva, a pesar de lo que vaya sucediendo por el mundo, una capacidad proyectual exclusivamente estética; un gusto innato; una visión del arte endógena y siempre peculiar. Es evidente, por el contrario, que todas sus vivencias y sus concretas experiencias de vida confluyen en la formación de su carácter y contribuyen a forjar, inevitablemente, tanto su poética como la original combinación de elementos teóricos y técnicos que sustenta su estilo personal. Podríamos afirmar, en este sentido, que la persona del artista es a su vez una obra viviente en continuo crecimiento y perpetua consolidación, puesto que a lo largo del tiempo va sacando nutrición de sus propias obras y viceversa; cumpliendo un transvase constante, más o menos consciente, de la vida a la obra y de la obra a la vida.

Sería un error ingenuo e infundado, por lo tanto, buscar en las palabras “no útiles” de Rosana Antolí (Alcoi, 1981), que tenemos el gran placer de presentar por vez primera al público en este blog, en forma de poemario inédito, eventuales referencias a la personalidad humana de la astista. De hecho, sólo podemos, y debemos, acercarnos a estos componimientos escritos mirando a su valor poético y emocional, estético y narrativo; puesto que no se trata de otra cosa que del producto de una faceta más, entre otras, de la expresión artística de Antolí. Una faceta hasta ahora menos conocida, pero no por ello menos interesante. Redactado por Antolí en el verano del 2007, durante su estancia en Berlín, el poemario se titula Animal-a y está compuesto por cinco poemas en versos libres: Sueños árticos; Animal-a (que da el título al poemario mismo); Vampirica; Una seguidora de Jesse James; ¿Por qué me escondes en la falda de tus pies?.

Los cinco poemas muestran una buena coherencia y homogeneidad entre sí, siendo ligados de manera implícita por ciertas atmosferas licantrópicas y vampirescas; ambientaciones obscuras y solitarias; o la presencia de algunos temas recurrentes, como la habitación, las relaciones sexuales y amorosas, la soledad, el deseo, el sueño, la muerte. La secuencia y la ordenación de los versos de las composiciones tienden a seguir un ritmo vital y pulsante propio, esencialmente musical, que prescinde de estructuraciones métricas y medidas predefinidas. Se trata de poemas cuyas palabras evocan una dimensión visual intrínseca muy potente, casi expresionista, que posiblemente se pueda relacionar con la sólida formación pictórica de la artista y con su trabajo desarrollado a nivel plástico y visual.

En este sentido, en los poemas de Animal-a se pueden encontran con facilidad representaciones de escenas atentamente compuestas. En ocasiones se trata de escenas estáticas, como congeladas, que llegan a recordar una pintura; una fotografía; la imagen fija de una película o de un videoclip. Otras veces, cobra protagonsimo absoluto el movimiento. Y una dimensión dinámica de las escenas emerge por medio de superposiciones de planes temporales inesperados; repentinas aceleraciones de la narración hacia atrás (flashback) o hacia adelante (flashforward); licencias poéticas e incursiones coloquiales que infringen las leyes del lenguaje para evocar un monólogo interior directo que elimina toda barrera consciente entre los hechos, las cosas y la reelaboración mental en primera persona. Asimismo, no es infrecuente encontrar intervenciones de color, que dan profundidad a la descripción, y versos “gestuales”, que conducen con soltura el lector de un nivel meramente descriptivo y realista al sueño; de la contención racional al flujo de emociones y pulsiones más desatadas.

Para los que conocemos y apreciamos dede hace tiempo el trabajo artístico de Antolí, Animal-a representa – además de un poemario intenso del cual disfrutar – un “lugar” estético, íntimo y profundo, en donde encontrar algunos rasgos reconocibles de su poética personal. Entre otros, cabe mencionar sin duda  la interacción entre fuentes de inspiración procedentes de ámbitos distintos y disciplinas artísticas diferentes. Fuentes de tipo pictórico, escultórico, fotográfico o videográfico, pero también fuentes de otro tipo, como la poesía, la literatura, el cómic, el cine, la música, las letras de canciones pop y rock, su propia biografía, los cuentos de amigos y conocidos etc. Se podría afirmar, en este sentido, que si, por un lado, su labor plastíca y visual tiene un importante componente narrativo y “literario” (en un sentido muy amplio del término), por otro lado, sus poemas están claramente caracterizados por esa dimensión visual y “plástica” que se ha puesto en evidencia anteriormente, y que se expresa de manera rotunda en términos de emociones suscitadas y potencia de las imágenes construidas. Hablando en otra ocasión de la poética de Rosana Antolí, acuñé la definición de «stream of consciousness plástico» (con evidente referencia a la teoría literaria de James Joyce): una definición de la que la artista gustó bastante y en la que tiende a reconocerse.

Pero el elemento estético quizás más claramente reconocible en estos poemas es el tema de la hibridación entre lo humano y lo animal, con la consiguiente inquietud por explorar artistícamente aquel espacio intersticial donde estos dos aspectos de nuestra existencia tienden a confluir y confundirse. Un tema, éste, que a distancia de acerca de un lustro se encuentrará tratado en la serie de dibujos de diferentes formatos; instalaciones y video en stop-motion que conforman el proyecto I must obey the inscrutable exhortations of my soul: My Animal Dance: un proyecto ambicioso, y todavía in fieri, del cual la artista expuso (en marzo de 2012) una pequeña selección de obras en su tercera personal en la galería ARANAPOVEDA de Madrid. Incluída dentro de la programación del Festival Miradas de Mujeres, la muestra – titulada My Animal Dance – fue concibida de tal manera que, en palabras de la misma artista, en ella se recreaba un «paraíso perdido multidisciplinario». El conjunto de las piezas expuestas y la manera de colocarlas dentro de la galería daban lugar, en efecto, a una narración coral, poblada de personajes híbridos y ambientada en una especie de condición primordial de la existencia, instintiva y pulsional, que de alguna manera podemos asociar a los personajes que van emergendo de las líneas del poemario que presentamos a continuación.

Espero que las lectoras y los lectores de Amimal-a disfruten de él tanto como disfruté yo la primera vez que lo leí. Y como sigo disfrutando cada vez que vuelvo a leerlo. Una y otra vez.

 

 

 

 

ANIMAL-A

por Rosana Antolí

Berlín, Verano del 2007.

(Edición e introducción a cargo de Nicola Mariani)

 

 

 

 

 

Sueños árticos

 

Desde la habitación donde ya no hay,

donde ya no cabe nadie,

donde a mí a veces me echa.

 

Me acuesto, y me siento,

y no está,

ni él ni otros.

 

Y me pongo esa canción,

y te recuerdo,

y la vuelvo a poner,

y te lloro.

 

Cuando cierro los ojos te veo,

y sé que si los abro ya no estarás,

así que me pasé minutos con los ojos cerrados,

acordándome de tu risa y tu baile.

 

Pensé que sería bonito pasar una hora más contigo,

así que a ciegas me guié hasta el colchón,

y me acosté.

 

Estábamos los dos en la cama,

y era verano y tú me pasabas el brazo por encima,

y me reía porque ya no me dabas calor.

Hoy me gusta tenerte así.

 

Decidí que era mucho tiempo queriendote tener,

así que no abrí los ojos durante un día,

y estuve en nuestro verano del 99 en Cambrils,

y en el piso de estudiantes,

y en la nota de historia,

y en la botella de whisky del parque.

 

Me lo estoy pasando tan bien…

 

Me duele el estomago de no comer,

me duele la verde vejiga de no mear,

me da igual,

todo me da igual.

Sólo quiero estar contigo.

 

Así que decidí no abrir más los ojos,

y tenerte siempre.

Pasaron las horas, y vinieron tus besos y caricias,

pasó un día, y vinieron nuestros planes de casarnos,

pasó una semana y ya no sabía dónde vernos, repetía escenarios,

cambiaba conversaciones,

pero ya no estaba bien y tenía frío,

la cama la notaba mojada y sucia por mis desechos y vómitos,

pero no podía moverme por si te perdía.

Así que me quedé con la imagen en la que me ponías esa canción,

tu canción y la mía,

y me mirábas riendo, sabiendo que me encantaba escucharla,

y me morí… escuchándonos.

Y viendote.

 

 

 

Animal-a

 

Perdona,

perdona por estar mirándote fijamente, como un coyote.

Perdona,

perdona por sonreírte con la seguridad de quién va a comerse a su presa.

Perdona,

perdona por incomodarte al enseñarte como me iban creciendo los colmillos.

 

Y, perdona,

perdona porque te arrebaté tus manos para ponerlas sobre mí,

perdona porque te prohibí mirar a otro lugar que no fuera mi ombligo,

perdona porque te robé los ojos para poder chuparlos,

y, perdona,

perdona porque yo sólo te di a cambio un kilómetro de saliva sabor a menta,

te devolví unos dedos gastados, mojados y ásperos,

te dejé unos labios hinchados, rojos y morados,

y una espalda llena de líneas de sangre.

 

Perdona por gastarte.

 

 

 

Vampirica

 

Os pongo en fila,

primero uno y luego los demás,

uno a uno os riego, y os río

y porque yo estoy vacía os hago creer que os lleno.

 

Cuando os creéis este engaño yo os absorbo,

y me dáis voluntariamente,

y yo me lleno.

 

Luego este mordisco os dolerá,

yo ya lo sé,

pero me ofrecísteis el cuello voluntariamente,

y yo primero muerdo una uña,

y os la rompo, y chupo esa sangre.

 

Luego el brazo, arriba,

abajo del hombro

y os arranco la piel y os dejo la señal,

mi señal,

y os como y no os digiero.

Y ya estáis dentro y esa piel no se vuelve a regenerar,

pero eso no os lo digo,

hay que tener una parcela de privacidad.

 

Luego os asustáis, pero os atrae demasiado el vacío,

y la demencia,

y los juegos,

y el que sea femenina y seductora,

y qué importa un trozo de piel.

 

Pero yo quiero más, y sabes que si tú no me lo das

lo buscaré en otros,

porque siempre hay tontos a los que engañar.

Sabes que es verdad.

 

Entonces te bajas el cuello de tu camisa,

y cierras los ojos y aprietas los párpados,

fuerte, muy fuerte,

y sabes que esta última comida te dolerá,

pero me la quieres dar

a cambio de verme correr la sangre por la boca.

 

Me inclinas la cabeza en señal de sumisión,

y me haces ver que eres el único que me puede alimentar bien.

Allí pongo el diente, luego el otro, y aprieto tu yugular,

y te echas hacia atrás, es tarde,

ya noto tu sangre roja, oscura, densa, a ritmo de tu acelerado corazón bajando por mi garganta,

y sonrío, y no dejo de beberte,

y tu mano deja de apretar la mía, no te queda más,

y sonríes porque me ves feliz.

Pero tus ojos ya no brillan,

te dejé sin nada.

 

 

 

Una seguidora de Jesse James


Entré a la pequeña habitación,
y estaba ella como siempre acostada,
con esos preciosos ojos azules mirándome,
el sol se reflejaba en su pelo largo,
y sus pestañas largas le hacían sombra
en los mofletes.
Preciosa como siempre.

El vestido azul de ir a pasear,
los zapatos de su madre,
las medias negras cuadriculadas,
las dos pulseras en el brazo.
Preciosa como siempre.

Los labios gruesos y perfilados,
jugosos invitando a besar,
la sangre roja saliendo de la boca,
los dientes rojos también.
De la garganta sale un agujero,
y en el suelo la bala también.

Cada día Carolina se viste mejor de primavera.

 

 

 

¿Por qué me escondes en la falda de tus pies?

 

¿Por qué me escondes en la falda de tus pies?

Si yo no hago más que mirarte y admirarte.

 

Ayer no quisiste ni mi café,

me quedé removiendo la taza sin nada, rascando la cerámica.

Mirándote,

impasible,

con tus ojos en el periódico,

más pendiente de la b times new roman que de mi vestido nuevo.

 

Entré a nuestra habitación, y me senté en nuestra colcha salmón satinada.

Miré a las paredes y vi nuestros cuadros, que es lo que miramos antes de ir a dormir,

dos santos en una cueva pintados por tu madre demente, la Virgen de madera digna de clase de los maristas y un paisaje marítimo que da ganas de vomitar.

La colcha también es viscosamente repugnante.

 

Abrí el armario grande, de madera buena y lacado, con tantos ornamentos que cuesta encontrar la manecilla, y ese olor a bolsa de lavanda colgada… y dentro ropa grande, ropa gastada, ropa de viejo… no encuentro ni una prenda roja… deprimente.

 

Cojo la caja de zapatos “ganador” y veo por primera vez las fotos de cuando éramos novios.

Yo sentada encima tuya, riéndome, mirando a Jaime, y tu fuerte, con tu cigarro en la boca, y tus manos por dentro de mi falda… cuando querías entrar en mi falda.

De la mano en el paseo marítimo, y yo te decia ahí, cuando seamos viejecitos quiero que vayamos de la mano como ahora, y te abracé por la cintura. No lo dudes, dijiste tú.

Con Oscar, con Claudia, en el primer baño, juntos…

Ésta es preciosa… tú y yo en la hierba del Retiro, acostados y abrazados, tú con las dos manos en mi cara, y yo dejándome hacer… y el sol de junio pegando en tu espalda.

¿Te acuerdas qué día era ese? Fue cuando me volví de Alemania y me viniste a recoger a Madrid. ¿Te acuerdas que estuvimos todo el día en el parque, porque queríamos estar acostados los dos juntos, sin teléfonos, porque lo habíamos imaginado muchas veces?

 

Me miro los pies. Mis uñas están amarillas y gruesas, mi piel también amarillea. A parte se ha hecho dura.

Llevo unas zapatillas de ir por casa azules, viejas, en las que se ve la puntita de mis dedos viejos, con un poco de zumo de naranja de esta mañana a forma de chorretón que cae por la pierna, pero no llego a bajar del todo.

Me doy pena, me pongo en pie, me duele la ciática (antes no sabía ni lo que era), camino por el pasillo hacia el salón, a buscarte… lentamente, como coja.

Ahí estás, sentado delante de la tele, mirando directo estadio, con la oferta del plus en las manos. Tu cigarro pasó a ser una cochambrosa pipa, tu pelo a ser nada y dos verrugas, tus manos sucias de tabaco y pegadas por el vino, tus pantalones atados con cordón.

Me siento a tu lado, en la silla de al lado, claro… zapatillas de arrastre azules, piernas con pelos largos y negros (aunque no muchos, de vez en cuando me acuerdo de pasarme la piedra pómez), la bata agujereada, el pelo de todas, de casco. Mis manos arrugadas y

de olor lejía.

 

No sé por qué también me miras… del bolsillo me saco la foto del Retiro, te la doy.

Y te quedas mirándola años, y yo a tu lado, y entonces es cuando te atreves a levantar la vista y mirarme. Y los ojos te tiemblan, y me lloras, y te lloro.

Y no hay nada más feliz que el paso del tiempo con batas rotas.

 

 


 


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