Michelangelo Pistoletto, tragarse el mundo en un reflejo

Crítica de la exposición: “Michelangelo Pistoletto”. Exposición personal de Michelangelo Pistoletto. Galería Elvira González. General Castaños, 3. Madrid. Hasta el 18 de mayo de 2012.   Michelangelo Pistoletto, Vista de la exposición. Cortesía, Galería Elvira González, Madrid, 2012.   Si bien es cierto que gracias al advenimiento de los aparatos...

Crítica de la exposición: “Michelangelo Pistoletto”. Exposición personal de Michelangelo Pistoletto. Galería Elvira González. General Castaños, 3. Madrid. Hasta el 18 de mayo de 2012.

 

Michelangelo Pistoletto, Vista de la exposición. Cortesía, Galería Elvira González, Madrid, 2012.

 

Si bien es cierto que gracias al advenimiento de los aparatos y de las cada vez más sofisticadas tecnologías audiovisuales, desde la cámara fotográfica hasta los tablets, pasando por el cinematógrafo, la televisión, el videotape, el PC y la webcam, el arte ha podido independentizarse tanto de su ancestral compromiso con la mímesis y la documentación de la realidad – esto es de su capacidad/necesidad de reflejarla, congelarla, immortalizarla, representarla – como de conceptos por siglos indicutibles e indiscutidos como “autoría”, “originalidad”, “unicidad”, por otro lado también es innegable que sigue siendo una mera utopia la pretención de reproducir a través de dichos medios esa experiencia exclusivamente natural conocida como efecto Narciso. Esto es, esa experiencia móvil e instantánea, estática y dinámica a la vez, en la que nos confrontamos con nuestra propia imagen en el mismo instante en el que percibimos la fugacidad del tiempo, su ser al mismo tiempo antes, ahora y después de lo que ha pasado, está pasando y ya no es lo que fue. Una experiencia que sólo podemos vivir en ese misterioso e inesplicable fluir de la vida fuera del artificio simbólico que llamamos “arte”. Mirando nuestro reflejo en una superficie de agua, en un cristal o en un espejo.

En torno a esta esperiencia figurativa primordial – ¿acaso la primera verdadera experiencia figurativa del hombre no es reconocer su propia imagen en la superficie de un espejo? – y a partir de una poética esencialmente romántica, que como se sabe confluyó a finales de los años sesenta en el movimiento artísico poverista, se viene desarrollando con éxito, desde hace medio siglo, la conocida e inoxidable fórmula artística, plasmada a través de grandes láminas reflejantes de acero inox pulido, de Michelangelo Pistoletto (Biella, 1933). Los primeros quadri specchianti que Pistoletto empezó a realizar a principios de los años sesenta bien se pueden considerar como precursores del propio Arte Povera, pues tendían a utilizar la “materia reflejante” como materia plástica natural, renunciando de manera provocatoria a las convenciones artísticas y redefiniendo un espacio de expresión primordial.

 

 

Michelangelo Pistoletto, “Ragazza che fotografa” (2007). Serigrafía sobre acero inoxidable pulido, 250 x 125 cm. Cortesía, Galería Elvira González, Madrid, 2012.

 

Los logros más recientes de esta fórmula – que sin embargo representa sólo un aspecto, quizás el más conocido, de la enorme y polifacética producción creativa del artista italiano, que abarca también la pintura, la escultura, el video, la performance y el happening – se pueden apreciar en la exposición Michelangelo Pistoletto, presentada actualmente en la Galería Elvira González de Madrid. En concreto se pueden admirar siete quadri specchianti de gran formato (casi todos 250 x 125 cm.) realizados entre 2007 y 2012. Hay que reconocer que la fórmula mantiene intacta en el tiempo toda su capacidad de emocionar y persuader el espectador, pues la minimalista economía de recursos empleados es capaz de evocar una cantidad tumultuosa de nociones, contextos, estados de animo.

Recientemente la crítica italiana Alessandra Mammí tuvo la ocasión de definir Pistoletto como «il Pittore che ingoia il mondo in un pezzo di lamiera specchiante» (el Pintor que se traga el mundo en un trozo de chapa espejante. L’Espresso, N.41, anno LVII, 13 de octubre de 2011). Las obras expuestas en esta ocasión evidencian claramente como la idea y la práctica de los quadri specchianti representan una tentativa de renunciar al Arte (en su accepción más académica) cortando, a través de una relación directa entre el hombre y la naturaleza, esa distancia tradicionalmente existente entre el mundo de la “cultura” y la realidad de la “vida” y creando obras que son en primer lugar “experiencias”. Los fragmentos de fotografía agrandados a dimensiones naturales y serigrafiados antes de pegarlos a las superficies reflejantes de los cuadros están utilizados aquí como “materia prima” artística, al igual que el espacio y la presencia del espectador, el cual se convierte a su vez en objeto representado (en el “contenido” de la obra) confrontandose inevitablemente con las imágenes fotoestáticas fijadas sobre la superficie.

 

Michelangelo Pistoletto, “Barriera larga” (2007). Serigrafía sobre acero inoxidable pulido, 250 x 250 cm. Cortesía, Galería Elvira González, Madrid, 2012.

 

A lo largo del tiempo esta aproximación “abierta” al cuadro se ha convertido en una referencia imprescindible para muchos artistas de generaciones posteriores. Entre otros, cabe mencionar seguramente el caso de Juan Muñoz (Madrid, 1953 – Ibiza, 2001), cuyo genial talento, como es noto, se inspiró abundantemente (además que en el conceptualismo y el minimal) en el Arte Povera y especialmente en el trabajo de artistas como Pistoletto, Kounellis o Mario Merz (del cual fue asistente escultor en 1982 en New York). De Pistoletto, en particular, mutuó el tema de la relación entre la realidad y la imagen, incluyendo en varias obras de su repertorio la presencia directa del espectador a través del espejo. En obras magníficas como, entre otras, Sara with mirror (1996), Staring at the sea I (1997-2000) o One figure (2000) – que se pudieron admirar en la gran retrospectiva, comisariada por Lynne Cooke, que el MNCARS dedicó a Muñoz en 2009 – el artista español abordó, con su habitual ironía y desbordante fuerza poética, este tema tan complejo, alterando la dimensión real del tiempo e introduciento una relativización absoluta de calquier punto de vista ideal de la obra. De hecho, en la piezas mencionadas el encuentro entre el espectador y su propia imagen reflejada en el contexto de la obra de arte representa un pretexto para que el espectador mismo empieze a moverse, ocupando el espacio de la representación y, caminando, acercandose a, y alejandose de, la superficie reflejante, se convierta en el veradero protagonista de una performance inconciente.

 

 

Michelangelo Pistoletto (11/04/2012 – 18/05/2012) – by Galería Elvira González

 


 


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