La fotografía social de Lewis Hine

Crítica de la exposición: “Lewis Hine”. Exposición monográfica de Lewis Hine. Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos 23, Madrid. Hasta el 29 de abril de 2012. Comisario Alison Nordström.   Lewis W. Hine, “Icarus Empire State Building” (1931). © George Eastman House  Museum.   Los inconfundibles discursos visuales llevados a cabo...

Crítica de la exposición: “Lewis Hine”. Exposición monográfica de Lewis Hine. Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos 23, Madrid. Hasta el 29 de abril de 2012. Comisario Alison Nordström.

 

Lewis W. Hine, “Icarus Empire State Building” (1931). © George Eastman House  Museum.

 

Los inconfundibles discursos visuales llevados a cabo por dos gigantes de la fotografía del siglo XX como Henri Cartier-Bresson (Chanteloup-en-Brie, 1908 – L’Isle-sur-la-Sorgue, 2004) y Lewis Wickes Hine (Oshkosh, Wisconsin, 1874 – New York, 1940) bien se podrían considerar como paradigmáticos de dos maneras diferentes de abordar fotográficamente la realidad “de la calle” y traducirla en imágenes memorables. De hecho, las diferentes aproximaciones a la instantánea de los dos autores citados – esto es, sus diferentes presupuestos éticos y estéticos; las diferentes maneras de concibir y plasmar concretamente la imagen fotográfica e incluso las diferentes destinaciones previstas originalmente para esta última – a bien mirar, resultan muy distantes.

Lo dicho ha sido muy bien resumido por Eduardo Momeñe en su curso de fotografía para jóvenes fotógrafos, titulado La visión fotográfica (2007). A este propósito el fotógrafo español escribe: «Cartier-Bresson es un fabricante de instantáneas culto, al que realmente le interesa la creación de imágenes, y que gracias a su educación clásica, pone orden al caos de la instantánea. Digamos que Cartier-Bresson es un fotógrafo de mente clásica que descubre el poder fascinante de la instantánea pero que al mismo tiempo ha visitado el Museo del Louvre cientos de veces».  En cambio, según Momeñe, la gran lección fotográfica de Hine consistiría en poner de manifiesto a través de su trabajo meticuloso y sistemático que «fotografiar no necesita de grandes pronunciamentos de orden estético, sino de la comprensión de que si dejamos en paz al mundo y tan sólo lo colocamos - sin decorarlo -, frente a la cámara, su simple presencia puede ser arrolladora».

En la apéndice Breve antología de citas que la escritora norteamericana Susan Sontag recopiló al final de su célebre ensayo Sobre la fotografía (1973), se pueden leer algunos testimonios directos de los fotógrafos más importantes del siglo pasado. Entre otros, están también Cartier-Bresson y Hine. Es muy revelador leer sus respectivas palabras, ya que dejan aflorar a la superficie muy claramente sus diferentes actitudes frente al medio fotográfico y a la vida en general. Poético y algo soñador, entusiasta y abundante en detalles es el relato del fotógrafo francés: «Fui a Marsella. Una pequeña renta me permitía costearme los gastos, y trabajé con entusiasmo. Acababa de descubrir la Leica. Se transformó en la extensión de mis ojos y nunca me he separado de ella desde que la hallé. Merodeaba por las calles todo el día, tenso y preparado para brincar, resuelto a “atrapar” la vida, a preservar la vida en el acto de vivir. Ante todo, ansiaba apresar en los confines de una sola fotografía toda la esencia de alguna situación que estuviera desarrollándose delante de mis ojos». La actitud de Hine, en cambio, aparece mucho más prosaica y descriptiva, esencialmente analítica y algo pesimista, frente a la fotografía como a la vida: «Si pudiera contarlo con palabras, no me sería necesario cargar con una cámara». La diferencia es de por sí bastante evidente.

 

Lewis W. Hine, “Inmigrante italiana de Albania, Ellis Island” (ca. 1905). © George Eastman House  Museum.

 

Como se sabe, el imponente trabajo realizado a lo largo de las primeras décadas del siglo XX por Lewis Hine – además de fotógrafo, sociólogo con una visión esencialmente pragmática de la fotografía – se caracteriza por una construcción de la imagen siempre sometida a un profundo compromiso personal y al anhelo moral de justicia social y de reforma de las condiciones de vida y de trabajo de los grupos más desfavorecidos y marginales del sistema social norteamericano. De ello deriva que la dimesión meramente estética de la imagen fotográfica represente para él un aspecto secundario con respecto a la imprescindible prioridad documental, informativa y divulgativa.

La magnífica exposición Lewis Hine, que se puede admirar hasta finales de este mes en la Fundación Mapfre de Madrid antes de que viaje en los próximos meses a las sedes de la Fondation Henri Cartier-Bresson de París y del Nederlands Fotomuseum de Rótterdam, representa una ocasión imperdible para acercarse a la obra de este extraordinario fotógrafo, considerado unanimemente como una referencia mundial de la fotografía social y un antecedente histórico fundamental de gran parte del documentalismo moderno. Comisariada por Alison Nordström, con la colaboración de Carlos Gollonet, Frits Gierstberg y Agnès Sire, la exposición consta de una selección de 170 imágenes procedentes del George Eastman House International Museum of Photography and Film (Rochester, New York). Fundado en 1949 como museo independiente por George Eastman (fundador también de la Eastman Kodak Company), esta intitución puede vantarse de ser el museo de fotografía más antiguo del mundo y uno de los archivos cinematográficos con más larga vida.

La excelente selección de fotografías – bellísimas y en ocasiones lacerantes – presentada en esta exposición ofrece al espectador un recorrido cronológico, muy emocionante, a lo largo de la entera trayectoria fotográfica de Hine. De hecho, se pueden admirar todas las series más conocidas del autor, como Ellis Island (1905-1906, 1926), dedicada a los emigrantes recién llegados a Estados Unidos; Child Labor (Newsies) (1903-1913); Chicago Street Life y New York City Street Life (1909-1912) entre otras. En particular, en las dos últimas series citadas se manifiestan abiertamente tanto los ideales progresistas como el personal compromiso con el cambio social que tan netamente habían marcado el trabajo de Hine como enseñante de sociolgía hasta el año 1908, fecha en la que abandonó definitivamente la docencia para dedicarse plenamente a su labor de fotógrafo. En cambio, en una serie tan espectacular como es Empire State (1930-1931) Hine nos ofrece una celebración de su idea liberal (típicamente decimonónica) del progreso individual y de su visión del hombre como alma y motor de la modernidad. En efecto, a lo largo del tiempo algunas de estas instantáneas han acabado convirtiendose en auténticos iconos del progreso y de la modernidad del siglo XX.

También se pueden admirar las estupendas imágenes que componen el libro fotográfico Men At Work (1932), el único libro que Hine publicó en vida y del cual supervisó todas las fases de producción. En esta serie, originalmente dedicada a un público muy joven, se nota un tono visual bastante romántico. Las finalidades didácticas y sociales de las imágenes se encuentran combinadas con una especial atención por el orden compositivo y con unas claras preocupaciones estéticas (menos presentes en sus primeras series).

 

Lewis W. Hine, “Mechanic at steam pump in electric power house” (1920). © George Eastman House  Museum.

 

El complejo universo simbólico e iconográfico construido por Hine penetró profundamente en el imaginario colectivo de las sociedades occidentales, representando por décadas una fuente inagotable de inspiración para artistas e investigadores posteriores. Pienso por ejemplo en la película Modern Times (1936), dirigida e interpretada por Charlie Chaplin, viendo la cual resulta imposible no pensar en algunas fotografías de Hine. Pero pienso también en fotógrafos que vieron en él un referente absoluto, como (entre otros) Paul Strand, quien en 1907 fue alumno de sus clases de fotografía en la Ethical Culture School de New York, o en Berenice Abbott, quien en 1939 (un año antes de que el fotógrafo norteamericano falleciera en la solitud y la indigencia) organizó junto con Elizabeth McCausland la primera gran retrospectiva de Hine, marcando así el reconocimiento oficial del valor de su inmenso trabajo y el tránsito definitivo de su status de investigador social a artista moderno.

A este propósito, merece la pena concluir esta breve reseña citando un paso de Susan Sontag, la cual (en el ensayo arriba mencionado) reflexiona sobre la inevitable «tendencia estetizante» de la fotografía, es decir su capacidad de neutralizar con el tiempo la función meramente documental de las imágenes, convirtiendolas en obras de arte. En este sentido, es ejemplar la manera en que la obra de Hine, en los años posteriores a su muerte, fue aceptada plenamente en la sociedad como expresión artística; exclusivamente en función de su valor estético e independientemente de su original realismo reformador. Escribe Sontag: «En una sociedad de consumo, aun la obra mejor intencionada y más atinadamente titulada de los fotógrafos da por resultado el descubrimiento de la belleza. La hermosa composición y elegante perspectiva de las fotografías de niños explotados que Lewis Hine realizó en los molinos y minas estadounidenses de fines de siglo perduran mucho más que la relevancia del tema. Los protegidos habitantes de clase media en los rincones más opulentos del mundo – las regiones donde más fotografías se hacen y consumen – se enteran de los horrores del mundo sobre todo por medio de la cámara: las fotografías pueden angustiar, en efecto. Pero la tendencia estetizante de la fotografía es tal que el medio que trasmite la angustia termina por neutralizarla. Las cámaras reducen la experiencia a miniaturas, trasforman la historia en espectáculo. Aunque crean simpatía, también la interrumpen, enfrían las emociones. El realismo de la fotografía crea una confusión acerca de lo real que resulta (a largo plazo) moralmente analgésica y además (a corto y a largo plazo) sensorialmente estimulante. Por lo tanto nos aclara los ojos. Esta es la nueva visión a la que todos se refieren».

 

FUNDACIÓN MAPFRE presenta el ciclo “Lewis Hine: la fotografía como documento social”
Ponente: Alison Nordström, 13 febrero 2012.

 


 


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