La última muestra de Tony Oursler en la Galería Soledad Lorenzo

Crítica de la exposición: “FALSE-COLOR ACTIONS”. Personal de Tony Oursler. Galería Soledad Lorenzo. C/ Orfila, 5. Madrid. Hasta el 12 de abril de 2012.   Tony Oursler, False Color Action: This is the one on the card, 2012. Técnica mixta, vídeo proyección, sonido. Dim. 129,5 x 162,6 X 81,3 cm....

Crítica de la exposición: “FALSE-COLOR ACTIONS”. Personal de Tony Oursler. Galería Soledad Lorenzo. C/ Orfila, 5. Madrid. Hasta el 12 de abril de 2012.

 

Tony Oursler, False Color Action: This is the one on the card, 2012. Técnica mixta, vídeo proyección, sonido. Dim. 129,5 x 162,6 X 81,3 cm. Cortesía: Galería Soledad Lorenzo, Madrid. 2012.


Tony Oursler (New York, 1957) pertenece a esa generación de artistas norteamericanos, nacidos en la década de los cincuenta del siglo pasado, que a lo largo de los últimos treinta años han ido transformando profundamente una parte importante de los rasgos culturales y del imaginario global contemporáneo; llevando a cabo una innovación estética y técnica tanto en las artes plásticas y audiovisuales como en el ámbito de la música ligera contemporánea (siedo protagonistas destacados de tendencias post-punk como el hardcore o el noise). Además de Oursler, pienso en concreto (pero la lista podría ser mucho más larga) en artistas o músicos como James Welling (Hartford, Connecticut, 1951); Robert Longo (Brooklyn, New York, 1953); Kim Gordon (Rochester, New York, 1953); Mike Kelley (Wayne, Michigan, 1954 – Los Angeles, 2012); Lee Ranaldo (Glen Cove, Long Island, 1956); Raymond Pettibon (Tucson, Arizona, 1957) o Thurston Moore (Coral Gables, Florida, 1958).

Procedentes de contextos geográficos diferentes y con carreras de estudio heterogéneas, estos artistas encontraron, a partir de los primeros años ochenta, un terreno común de experimentación y expresión en la escena cultural underground, sobre todo (pero no sólamente) en ese gran catalizador de experiencias creativas que siempre ha sido, desde la segunda postguerra mundial en adelante, la ciudad de New York. Fundados esencialmente en el “sagrado” principio creativo del Do It Yourself heredado del movimiento punk, los primeros trabajos indie de estos artistas – hoy en día afirmados protagonistas del sistema del arte oficial – fueron realizados en contextos alternativos y difundidos a través de canales marginales con respecto a la tradicional industria del entretenimiento (show business) y a las grandes instituciones culturales (mainstream).

En aquel entonces muchos de estos artistas comenzaron una serie de colaboraciones transversales que se movían entre disciplinas y técnicas diversas, combinando la música rock con prácticas creativas como la fotografía, el videoclip, la pintura, el dibujo, la performance etc. Raymond Pettibon (pseudónimo de Raymond Ginn), por ejemplo, antes de convertirse, a partir de los años noventa, en el celebrado artista que es hoy en día por sus obras de tinta negra sobre papel, en los ochenta fue un gran promotor de la escena musical hardcore punk estadounidense, a través de la band Black Flag encabezada por Henry Rollins y la label discográfica SST Records (ambas fundadas por su hermano Greg Ginn). Entre otras cosas, en 1990 Pettibon dibujó la portada del disco Goo de la band newyorquina Sonic Youth. A propósito de Sonic Youth, cabe mencionar la labor incansable que esta band ha ido desarrollando en el tiempo, fundiendo la energía inmediata y “primitiva” de la música rock con una postura intelectual refinada y estrechamente ligada al mundo del arte.

Al igual que Pettibon, otros artistas como Richard Prince, James Welling o Gerhard Richter se dedicaron a realizar las portadas de algunos de los discos más famosos de Sonic Youth. También cabe mencionar la colaboración de la band con Mike Kelley, con el cual participaron, a mediados de los años ochenta, en una serie de performance live. En 1992 Kelley también realizó una “portada de artista” para el disco Dirty. Al igual que Pettibon, en sus años de estudiante Kelley fue también miembro de una rock band musical, los Poetics, junto con Tony Oursler. En 1983 Oursler y Kelley actuaron juntos en la performance X Catholic, que tuvo lugar en el centro independiente de arte Beyond Baroque de Los Angeles.


Tony Oursler, Jailbird Fugue: The jail, 2012. Técnica mixta, vídeo proyección, sonido. Dim. 175,3 x 142,2 x 88,9 cm. Cortesía: Galería Soledad Lorenzo, Madrid. 2012.

 

Graduado por el California Institute of the Arts en 1979, Oursler se dedicó inicalmente a la pintura. Sin embargo, muy pronto se sumergió en el efervescente contexto experimental newyorquino de la primera mitad de los años ochenta y desde entonces ha ido desarrollando un trabajo absolutamente personal, llegando a definir un estilo ecléctico sui generis, inconfudible e inclasificable. Artista culto y refinado, Oursler ha ido juntando prácticas creatividas psiquedélicas con un profundo interés por la psicología del trauma y por temáticas como la esquizofrenia, el desdoblamiento de la personalidad, las compulsiones, las adicciones, las estructuras subliminales y pre-lingüisticas de la comunicación etc.

Utilizando el vídeo como principal medio expresivo, y profundamente convencido del valor representativo que las imágenes en movimiento tienen en la cultura contemporánea, en los años noventa Oursler contribuyó significativamente a afrancar la joven disciplina del videoarte de sus originarios límites bidimensionales; superando la tradicional proyección de las imágens sobre la superficie plana y uniforme, típica de otros campos audiovisuales como el cine o la televisión. Interactuando en modo muy peculiar con el espacio y con la presencia/participación del público, sus obras combinan el vídeo con la escultura, el diseño, la instalación y la performance. De hecho, sus videoesculturas se caracterizan por utilizar soportes muy distintos, como por ejemplo objetos tridimensionales, nubes de vapor o burbujas de vidrio, sobre los que se proyectan grabaciones digitales en loop. Las obras resultantes de esta fusión original entre soportes insólitos y tecnología sofisticada están pobladas de figuras extrañas e irreales; criaturas antropomorfas enormes, o bien microscópicas, y asincrónicas; seres con dos o más ojos, bocas verticales y párpados que se abren y se cierran lentamente; misteriosas voces fuera de campo etc.

En España el trabajo de Tony Oursler ha sido ampliamente valorizado y difundido por la Galería Soledad Lorenzo de Madrid, que le representa desde 1995, año en el que tuvo lugar su primera exposición personal en este espacio. Habida cuenta del anuncio, que todos recibimos con gran tristeza, del próximo cierre de esta galería, tras veinte y cinco años de actividad a lo largo de los cuales se ha convertido en uno de los referentes privados más importantes del sistema artístico contemporáneo de este País, esta quinta, imperdible individual de Ousler – titualda Tony Oursler. False-Color Actions - será también su última en la galería. Esperemos que no en España.

A este propósito se me permita una pequeña digresión para mencionar la loable iniciativa de la creación del Archivo Galería Soledad Lorenzo, puesto en marcha hace sólo unos pocos días. Partendo de la constatación de la importancia para la historia del arte reciente española e internacional del inmenso archivo documental construido por la Galería durante un cuarto de siglo, y de la necesidad que dicho archivo sea conservado y difundido, la propia galerista decidió dedicar el premio, recibido en el pasado mes de marzo, por la Fundación Arte y Mecenazgo para elaborar un complejo proyecto de archivo digital. El proyecto está coordinado por la crítica de arte Elena Vozmediano y tiene como finalidad el acceso a toda esta gran cantidad de información por parte de los investigadores y de cualquier otra persona interesada.

 

Tony Oursler, False-Color Actions. Vista de la exposición. Cortesía: Galería Soledad Lorenzo, Madrid. 2012.

 

Volviendo a la exposición de Oursler, en esta ocasión se exhiben una veintena de obras realizadas entre 2011 y 2012. Se trata de piezas de gran interés, puesto que ofrecen una muestra muy significativa de las líneas temáticas y de las soluciones formales trabajdas actualmente por el artista. En la planta principal de la galería se puede apreciar una serie de videoinstalaciones de gran impacto escenográfico. Como es habitual en el trabajo de Oursler, la disposición cuidadosa de las obras en el espacio tiene como referencia primaria el punto de vista del expectador, ya que su participación física y emotiva es parte fundamental del recorrido extrañante, y algo infernal, que estos assemblages animados recrean en su conjunto.

Entre las obras expuestas destacaría especialmente: la pieza que da el título a la entera exposición, False Color Action: This is the one on the card (2012, técnica mixta, vídeo proyección, sonido, dim. 129,5 x 162,6 x 81,3 cm.), junto con Balls ‘n Chain: The devil woman (2012, técnica mixta, vídeo proyección, sonido, dim. 119,4 x 142,2 x 114,3 cm.) y Jailbird Fugue: The jail (2012, técnica mixta, vídeo proyección, sonido, dim. 175,3 x 142,2 x 88,9 cm.). Tanto en éstas como en las demás videoesculturas quedan siempre bien visibles los proyectores de los que proceden las imágenes en movimiento, como si se tratase de un elemento compositivo más de la pieza. De hecho, el rompedor trabajo de Oursler siempre ha hecho especial hincapié en la deconstrucción ironíca de las mistificaciones y mitificaciones de la comunicación moderna, tendiendo a desmontar las modalidades más subliminales y fraudolentas a través de las cuales la información mediática penetra en la profundidad de nuestras conciencias.

En la misma planta se exponen también una serie de cuadros, como Creeping Physiognomy (2011, acrílico, tinta, grafito 1 pantalla LC, dim. 101,6 X 76,2 X 3,8 cm.), en los que se combinan la pintura con micro-videoproyecciones digitales sobre lienzo. En cambio, en la planta inferior se pueden apreciar una serie de seis obras Untitled de 2011, realizadas con color acrílico y fotocollage sobre papel (dim. 60,9 x 48,3 cm.). Se trata de piezas sugestivas y con una gran fuerza evocadora, en las que vemos reaparecer también algunos de los personajes ya presentes en las videoesculturas. Finalmente cabe mencionar la serie de tres esculturas en miniatura sobre pie metálico, también Untitled (assemblage, pie metálico, proyector dim. 140 x 25 x 18 cm.): auténticas maravillas de “sublime al contrario”, en donde el vertigo derivante de la contemplación está provocado en el espectador (en vez que por las proporciones monumentales, o la evocación de una dimensión poética trascendental y triunfante) por la creación de un universo liliputiense en el cual el ojo de quién observa nunca deja de descubrir presencias inquietantes y referencias objetuales al complejo mundo subconciente del artista y, por ende, de nosotros mismos.

 

 

Video: TateShots – Tony Oursler (2011)

 


 



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