Esa línea directa que nos hace libres

Crítica de las exposiciones: “My Animal Dance” y “Paseo por el parque de los principes pálidos”. My Animal Dance: exposición personal de Rosana Antolí, dentro del Festival Miradas de Mujeres. Hasta el 31 de marzo de 2012. Paseo por el parque de los principes pálidos: exposición personal de Guillermo Martín...

Crítica de las exposiciones: “My Animal Dance” y “Paseo por el parque de los principes pálidos”. My Animal Dance: exposición personal de Rosana Antolí, dentro del Festival Miradas de Mujeres. Hasta el 31 de marzo de 2012. Paseo por el parque de los principes pálidos: exposición personal de Guillermo Martín Bermejo. Hasta el 13 Abril de 2012. Galería ARANAPOVEDA. Lope de Vega, 22. Madrid.

 

El pasado mes de febrero, en ocasión de la tercera edición de la feria internacional de arte contemporáneo JustMad, Rosana Antolí (Alcoi, Alicante, 1981) y Guillermo Martín Bermejo (Madrid, 1971) presentaron, en el stand de la galería ARANAPOVEDA, el proyecto colectivo Carradine’s Kids. Dicho trabajo, una de las propuestas más frescas de JustMad3, consistía en un video en stop-motion y una instalación con varios collage de pequeñas figuras dibujadas y colgadas a la pared. Se trataba de jóvenes “ansiosos” procedentes del personal imaginario rétro de Martín Bermejo que interaccionaban con las chicas “jugadoras” y edonistas dibujadas por Antolí. Todas las parejas así creadas estaban ocupadas en juegos sexuales inspirados en las «circunstancias extrañas y onanistas» en las que fue encontrado el cadaver del célebre actor norteamerticano David Carradine, victima de una práctica de asfixia autoerótica en la habitación de un hotel de Bangkok, en junio de 2009.

 

Rosana Antolí & Guillermo Martín Bermejo, Carradine’s Kids (2012). Cortesía: Rosana Antolí. 2012.

 

En Carradine’s Kids, el lenguaje visual espontáneo y lúdico de los dibujos de Antolí y Martín Bermejo evocaba un contexto imaginario y atemporal en el que el espectador se hallaba en una posición de voyeur involuntario, frente a situaciones transgresivas en las que el tema del juego se entremezclaba, con ligereza e ironía, con otros temas como la inquietud juvenil, la insatisfacción, el deseo de evasión, la búsqueda compulsiva del placer físico o incluso la muerte. En la instalación, atractiva y divertida, los estilos personales de los dos artistas, si bien manteniendo vivas sus respectivas peculiaridades, dialogaban armónicamente.

La popularidad de la que goza hoy en día la práctica del dibujo en las nuevas generaciones de coleccionistas – como disciplina “respectable” y desvinculada de su supeditación académica a artes más tradicionales como la pintura y la escultura – está relacionada, en buena medida, con la reconocida importancia que esta práctica tuvo a lo largo del siglo XX para la valoración de la personalidad del artista, y especialmente, como medio expresivo autónomo. En particular, fue a partir de los años ochenta del siglo pasado – en concomitancia con esa vuelta del interés por el arte figurativo que se produjo en aquel entonces – cuando el dibujo “resurgió” como formato con una dignidad artística propia, evolucionando de tal manera que en muchas ocasiones las técnicas, los soportes, las dimensiones y los temas tratados apenas tienen que ver hoy en día con lo que fue históricamente el dibujo.

Actualmente, no solamente el graffiti o el tatuaje se pueden considerar como formas de dibujo, sino que el dibujo ya no es necesariamente sólo línea y trazo; ya no renuncia al color y puede realizarse con materiales de todo tipo y sobre soportes muy diversos. Incluso puede expandirse hacia la tercera dimensión, manifestarse en grandes proporciones e hibridarse con otros formatos; acabando a menudo en una zona muy cercana a lo que suele considerarse como instalación. Sin embargo, sigue siendo un acto expresivo directo con una característica intrínseca imperecedera: la asociación con la intimidad. De ello deriva su gran capacidad de comunicación inmediata entre el creador y el espectador. En este sentido, en la actualidad nos encontramos en una condición no muy distinta a cuando, en los albores de la civilización, se utilizaba cualquier material disponible como soporte y se trazaban formas primitivas de dibujo en paredes rocosas, piedras, arena, en la propia piel humana etc. En realidad, en su dimensión ontológica, el dibujo no se ha alejado mucho de esa práctica creativa ancestral y casi mágica.

 

Rosana Antolí cerca de su obra Impersonation 1, 2012. Foto: Rai Robledo. © Rai Robledo.
Cortesía: Rosana Antolí. 2012.

Tras exponer el trabajo colectivo Carradine’s Kids en la susodicha feria, la galería ARANAPOVEDA presenta ahora, en su propio espacio madrileño, dos muestras individuales en las que los trabajos de Antolí y Martín Bermejo se pueden apreciar por separado.

Incluída dentro de la programación del Festival Miradas de Mujeres, My Animal Dance constituye la tercera personal de Rosana Antolí en esta galería (en total la sexta exposición, conisderando también las colectivas) y se puede visitar hasta el 31 de marzo. Se trata de una selección reducida de obras pertenecientes a un proyecto más amplio y ambicioso todavía in fieri, llamado I must obey the inscrutable exhortations of my soul: MY ANIMAL DANCE. En esta ocasión se pueden apreciar una serie de dibujos de varios formatos, un video en stop-motion y dos instalaciones.

En general el trabajo de Antolí suele sacar inspiración de fuentes muy diversas, como la música, el cine, la literatura, la poesía, el cómic o sus propias vivencias personales. En este sentido, en su obra está siempre presente una cierta componente autobiográfica, que sin embargo trascende concientemente la anecdóta y la autorreferencial. De hecho, la artista utiliza su entorno de referencia como base para construir, a través de un estilo personal maduro y refinado, universos paralelos imaginarios en donde las situaciones informales de la vida cotidiana se convierten en contextos atemporales y las emociones se desatan.

Las obras que conforman My Animal Dance están concibidas y dispuestas de manera que, como afirma la propia artista, en la sala de la galería se recrea un «paraíso perdido multidisciplinario». El conjunto de las piezas expuestas da lugar así a una narrativa coral poblada de personajes jóvenes y ambiguos, en ocasiones híbridos; ambientada en un mundo fantástico en donde lo humano y lo animal se difuminan en una suerte de retorno a una condición primordial de la existencia; instintiva y pulsional.

 

Rosana Antolí, Zorrismos en rojo, 2011, tinta y grafito sobre papel, dim. 76,5 x 60,5 cm.
Cortesía: Rosana Antolí. 2012.

Tanto en los dibujos – Zorrismos en rojo (2011, tinta y grafito sobre papel, dim. 76,5 x 60,5 cm.), Impersonation 1 (2012, tinta sobre papel, dim. 164 x 80 cm.) e Impersonation 2 (2012, tinta sobre papel, dim. 175 x 115 cm.) – como en la instalación Following the fox (2012, tinta sobre papel y video stop-motion, dim. variables) viven figuars masculinas y femeninas desinhibidas, descontextualizadas y desvinculadas de cualquier connotación cultural y social; esto es: liberadas de los condicionamientos personales y colectivos que suelen intervenir en la definición y en la representación de la identidad sujetiva. En cambio, en la instalación Marked with your cum (2012) la artista aproxima el mismo tema desde una postura más conceptual (menos frecuente hasta ahora en su trabajo) que se manifiesta en las tres dimensiones utilizando objetos encontrados (un par de zapatos) combinados con una suerte de “mobile” calderiano hecho con mariposas rojas de papel y ventilador.

 

Guillermo Martín Bermejo, Naive, grafito sobre papel, dim. 14 x 9 cm.
Cortesía: ARANAPOVEDA Galería. 2012.

Por su parte, Paseo por el parque de los principes pálidos es la primera personal de Guillermo Martín Bermejo en ARANAPOVEDA, galería con la que trabaja desde hace pocos meses. La exposición estará abierta al público hasta el 13 de abril y se compone de obras bastante recientes; sobre todo dibujos de pequeño formato, realizados con grafito sobre papel. También se exhiben algunas piezas de tamaño reducido en las que los dibujos tienden a un cierto relieve escultórico por medio del recurso a la técnica del collage y a la aplicación de materiales diferentes como lino, hilo de coser, alambre, madera, cristal, espejos etc.

Si se excluyen estas piezas tridimensionales sui generis, las demás obras expuestas son minuciosos dibujos, técnicamente bastante tradicionales (líneas y trazos de lápiz, ausencia del color, soporte clásico como es el papel etc.) pero fuertemente marcados por las insólitas temáticas tratadas y por el estilo naive, elegante, ambiguo y “fuera del tiempo”, que caracteriza el fascinante trabajo del artista madrileño. La obra de Martín Bermejo tiene en común con la de Antolí el hecho de representar muy a menudo figuras de jóvenes adolescentes o post-adolescentes (en el caso de Martín Bermejo, casi siempre figuras masculinas). Además, ambos artistas tienen una mirada sobre la realidad que suele desviar hacia otra parte imaginaria, que les lleva a reconstruir en sus obras escenarios fantásticos para sus inquietos personajes, como en el caso de los parque de los principes pálidos de Martín Bermejo o de los  paraísos perdidos de Rosana Antolí.

 

Guillermo Martín Bermejo, Martir 4, Dibujo 3D. Grafito sobre papel, lino, hilo y madera, Dim. 29 x 18 x 13 cm.
Cortesía: ARANAPOVEDA Galería. 2012.

En una entrevista que le hizo Rosa Pérez, el pasado día 13 de febrero en el programa radiofónico Fluido rosa de RTVE (1:28:20), Guillermo Martín Bermejo explicaba muy claramente las premisas estéticas que están a la base de todo su trabajo. De hecho, para el artista, lo que es realmente importante en una obra de arte es su capacidad de comunicar directamente con el espectador: algo que subyace a su personal lenguaje simbólico creativo y que, en su opinión, el dibujo puede conseguir mejor que otras técnicas creativas. En dicha entrevista, Martín Bermejo comparaba la obra de arte con un poema, afirmando la necesidad de revalorizar, hoy en día, los aspectos más emotivos, líricos y expresivos del arte: «Nos estamos demasiado aplanando en muchísimos sentidos e igualandonos en muchísimas cosas. Creo que, sobre todo en el arte, todo es muy unísono, todo suena a lo mismo, todo es muy repetitivo y, sobre todo, todo tiende a una pseudofilosofía muy complicada, cuando realmente lo que tiene que hablar es la obra, no las explicaciones. Es como cuando lees un poema. Lo importante es que ese poema te llegue y exprese lo que necesitas, pero las explicaciones realmente sobran al poema».

 
 

Entrevista a Rosana Antolí – by LaPlaya de Madrid (2012)

 


 


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