Andrei Roiter y el arte como “way of life”

Crítica de la exposición: Andrei Roiter: «My profession is to be Andrei Roiter». Exposición personal de Andrei Roiter. Galería Fúcares Madrid. Conde de Xiquena, 12 1º Izq. Madrid. Hasta el 10 de Diciembre de 2011.

 

Andrei Roiter, CONTACT 2, 2011. Óleo sobre lienzo. 200 x 150 cm. Cortesía: Galería Fúcares Madrid. 2011.


Andrei Roiter (Moscú, 1960), empezó a exponer con diecisiete anos en el Gorkom Grafikov de su ciudad natal, en 1977. En el mismo año, en la Biennale di Venezia se presentó la exposición La nuova arte sovietica. Una prospettiva non ufficiale (comisariada por F. Crispolti y G. Moncada). Se trataba de una muestra alternativa, presentada en el contexto del pabellón soviético, en la que por vez primera se exponían al público occidental las diferentes orientaciones del así llamado arte soviético “no oficial”. La elección de dedicar un evento cultural de tamaño relieve internacional al tema de la disensión en los Países del Este de Europa, y especialmente a la libre expresión y circulación del arte “underground” soviético, se convirtió en un caso diplomático con importantes implicaciones políticas, suscitando la indignación y las animadas protestas de los gobiernos soviético y de otros Países del bloque comunista. Aquella edicción de la Biennale pasó a la historia como la “Biennale del dissenso” (Bienal de la disensión) y representó un duro golpe a la imagen internacional del PCUS. De hecho, se pusieron de manifiesto las condiciones de granítica sumisión en las que realmente se encontraba la cultura en la Unión Soviética y especialmente el ámbito creativo de las artes plásticas.

En aquella ocasión destacaron las obras de Ilía Kabakov (Dnepropetrovsk, 1933); Vitali Komar (Moscú, 1943) y Aleksander Melamid (Moscú, 1945) – también conocidos como Komar & Melamid – y del grupo Acciones Colectivas (fundado en 1976 por Andrei Monastyrski, Nikolai Pánitkov y Gueorgui Kizeval’ter). Estos y otros artistas pertenecían a la así llamada “primera generación” de aquel movimiento que en 1979 Borís Groys definió (en un artículo publicado en el primer número de la revista “no oficial” A-Ja) como “Conceptualismo romántico moscovíta”.

Como se pudo apreciar en la magnífica exposición La ilustración total. Arte conceptual de Moscú 1960-1990 – organizada por el mismo Borís Groys, en colaboración con la Fundación Juan March y la Schirn Kunsthalle Frankfurt, y presentada en la Fundacion Juan March de Madrid entre Octubre de 2008 y Enero de 2009 – el movimiento conceptualista romántico moscovíta criticaba las condiciones del arte y de la cultura bajo el regimen soviético. De hecho en aquel contexto la cultura oficial se encontraba totalmente sumetida a la ideología del estado y a la dimensión discursiva, propagandística y educativa de las masas que imponía una doctrina artística fundada sobre un figurativismo realista de gran solemnidad, esencialmente historicista y celebrativo.

 


Andrei Roiter, FUTURE MOVIE, 2011. Técnica mixta. 35 x 37 x 20 cm. Cortesía: Galería Fúcares Madrid. 2011


Según lo que escribe Groys en el catálogo de la exposición mencionada, a finales de los años setenta en Moscú no existían galerías privadas, ni instituciones museales dedicadas a lo que en Occidente se definía “arte contemporáneo”. Tampoco había un libre intercambio mercantil entre artistas, marchantes y colecccionistas. Fue sólamente a partir de 1986 – el año en el que, tras la elección de Mijáil Gorbachov como Secretario General del Comité Central del PCUS, se puso rumbo hacia la perestroika y la glásnost, y en el que ocurrió la tristemente célebre avería a la Central Atómica de Chernóbyl – que se legalizó el arte soviético “no oficial”. Tres años después, en correspondencia de la caída del Muro de Berlín, abrió sus puertas al público la primera galería privada de arte en Moscú, llamada Primera Galería.

En este efervescente clima de apertura e innovación de finales de los ochenta, Andrei Roiter, tras una década transcurrida forgiando y reforzando su personal aproximación a la creación plástica bajo la influencia de los artistas conceptuales moscovítas, dió un giro importante en su trayectoria empezando a exponer en el exterior y abriendose una ventana personal en el mercado del arte internacional. En 1990 se trasladó a Ámsterdam y poco después a New York. Entre las referencias de su primera etapa formativa destacaron especialmente algunos artistas de la “segunda generación” conceptualista, como Vladimir Zajárov (Dushanbe, 1959), Adrei Filíppov (Petropavlovsk-Kamchatsky, 1959) o Iuri Albert (Moscú, 1959). También fueron importantes las obras de algunos protagonistas de la primera generación, como Aleksander Kosolápov (Moscú, 1943), Leonid Sókov (Mikhalevo, 1941) o los ya mencionados Komar & Meladim. En particular, estos últimos fueron los inventores de la corriente llamada “Sots Arts”. El término Sots Arts está irónicamente compuesto de las expresiones “Pop Art” y “realismo socialista” y se refiere a una mezcla de prácticas propias del arte conceptual y de otras más cercanas al Pop Art occidental. Groys definió el Sots Arts también como “Pop Art discursivo”.

De la experiencia conceptualísta “no oficial” y del Sots Arts Roiter heredó la idea de un arte entendido fundamentalmente como “way of life”, es decir como actitud crítica y lúdica frente a la realidad. A este propósito, el mismo Roiter, en una entrevista publicada en el Journal Of Contemporary Art [http://www.jca-online.com/andreiroiter.html], recuerda que la decisión de ser artista en los años setenta y ochenta en una sociedad asfíxica como la soviética, en la que la expresión artística se hallaba rigidamente controlada y limitada, surgía de motivaciones profundamente distintas de las que se podían encontrar en la misma época en los Países occidentales. En este sentido, las técnicas, las teorías, las elecciones estéticas y las estratégias distributivas y comerciales de los productos artísticos representaban aspectos secundarios (por obvias razones) de la actividad creativa. En aquel contexto “subterraneo” el valor artístico de las obras se medía más en función de la calidad conceptual (social, simbólica, evocativa, poética o enunciativa) de las ideas que de las características materiales de las piezas, de su acabado o de su valor mercantil y superestructural.

Esta aproximación al arte por parte de Roiter encontró un importante punto de contacto con el lirísmo anárquico y regresivo del arte povera italiano y, especialmente, con la relación romántica que existía entre los artistas del citado movimiento italiano y la materia; esto es, su manera de trabajar artesanalmente tanto las ideas como los materiales tradicionalmente “extrartisticos”. En este sentido, en la obra de Kounellis, Boetti, Pistoletto, Zorio, Merz y muchos otros, el trabajo artístico de continua construcción, deconstrucción y reconstrucción de la materia generaba formas y situaciones autosignificantes que era imposible clasificar, según las categorías tradicionales, como pintura, escultura, instalación etc.

 

Andrei Roiter, LIVING ROCK, 2011. Técnica mixta. 120 x 90 x 110 cm. Cortesía: Galería Fúcares Madrid. 2011.


Hasta la fecha han sido muy pocas las apariciones de Andrei Roiter en España. La primera vez que se pudo apreciar un conjunto de obras suyas fue en ocasión de la personal Potato Eaters en la Galería Leyendecker de Santa Cruz de Tenerife (1997). Desde entonces sólo ha aparecido en la colectiva Imágenes latentes en Fúcares Madrid (2008) y en la Colección de pintura contemporánea internacional de la Fundación Barrié de A Coruña (2011). Por esta razón, la exposición individual My profession is to be Andrei Roiter, presentada actualmente en la Galería Fúcares de Madrid, constituye una ocasión bastante rara para admirar en este País una pequeña muestra de la interesante y vasta producción del artista ruso. Se trata de una docena de obras muy recientes (casi todas son de 2011) entre pinturas al óleo sobre lienzo de gran formato y esculturas con técnicas mixtas. El título de la exposición es bastante significativo, puesto que evoca una autorreflexión del propio artista sobre la visión de su labor y sobre su papel de sujeto cultural y profesional, con una referencia también a su condición humana y psicológica de artista nómada.

Como se puede apreciar en esta exposición, el trabajo reciente de Roiter se centra en la relación entre el medio pictórico y la realización artesanal de esculturas en madera u otros materiales “pobres” a los que se suelen añadir objetos encontrados. En estas obras hay una referencia apenas intuible a formas conocidas o a estructuras racionales. De hecho, nunca se trata de representaciones fieles de objetos reales. Más bien, se tiende a evocar, de una manera casi surrealista, fragmentos de situaciones oníricas o simples intuiciones líricas. Muchas veces el proceso creativo llega un paso más allá de la escultura a través de la pintura. El artista, esto es, a menudo copia sus manufactos sobre el lienzo, transponiendolos así al plano bidimensional del cuadro y sugeriendo al espectador una reflexión sobre la percepción de las dimensiones del tiempo y del espacio y sobre la capacidad de comunicación directa del arte.

Entre las obras expuestas destacaría especialmente las pinturas Contact 2 (2011, Óleo sobre lienzo, 200 x 150 cm.), Observatory (2011, Óleo sobre lienzo, 180 x 150 cm.), Artist’s studio (2011, Óleo sobre lienzo. 200 x 150 cm.) y la escultura Future movie (2011, Técnica mixta. 35 x 37 x 20 cm.). Se trata de obras rotundas y sencillas que condensan muy bien la poética de Roiter, ofreciendo al espectador momentos de goce visual y conceptual, acompañados por un subtil toque lúdico e irónico.

 

Video: Andrei Roiter, Approved Baggage (2011)

 


 



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