«Vaciar de palabras el decir del espectador». Entrevista con Javier Garcerá

 

Javier Garcerá, serie Take off your shoes (2010, Técnica mixta sobre tabla, 284 x 437 cm.). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá, 2010. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.

 

La pintura de Javier Garcerá (Pto. de Sagunto, Valencia, 1967) constituye un reto plástico, constante y silencioso, a esa pretensión que todos tenemos de enmarcar y encasillar los fenómenos a través de categorías convencionales, a fin, esencialmente, de dominarlos. Abogando por el vacío y la contemplación, el trabajo del artista valenciano invita la mirada del espectador a enfrentarse a obras visualmente complejas que obligan a dejar momentáneamente a un lado aquellas certezas preconstituidas que se suelen utilizar a la hora de pensar y vivir el mundo. En este sentido, se podría interpretar como un estímulo estético a dejarse llevar por la intuición, hasta alcanzar un nivel de conciencia situado más allá de las estructuras restrictivas del lenguaje: en un espacio ambiguo, intermedio e indefinido, en el que las dualidades quedan superadas y los elementos contrarios conviven, tendiendo a reconciliarse, en tanto que aspectos complementarios de la realidad.

Tratando de provocar una vivencia íntima y profunda, Garcerá nos induce a poner entre paréntesis las referencias y los criterios interpretativos tradicionales. Las proporciones a menudo desmesuradas de sus cuadros evocan atmósferas voluntariamente borrosas, en donde se difuminan las barreras racionales y las distinciones entre lo que definimos habitualmente “figuración” y “abstracción”; “pintura” y “fotografía”; “reconocible” e “indecible”. De hecho, toda su trayectoria artística está caracterizada, desde un principio, por el deseo de amplificar la experiencia visual y metafísica de quién observa, acompañandolo lentamente hacia una dimensión perceptiva que sólo es intuible y que nunca se puede traducir con palabras.

 

Javier Garcerá, serie Del espacio heredado (2002-2003). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.


Entre las referencias artísticas más relevantes para Garcerá se encuentra sin duda el concepto de sublime, propio de la poética y de la estética romántica y revisado en el Siglo XX por artistas como Mark Rothko, Ad Reinhardt o Barnett Newman. Pero también cabe mencionar artistas de la actualidad muy difícilmente clasificables, como por ejemplo Anish Kapoor, Anselm Kiefer, Bill Viola o James Turrell entre otros.

En la muestra individual Take off your shoes, presentada a finales de 2009 en la galería Álvaro Alcázar de Madrid, Garcerá expuso una serie de cuadros, realizados con acrílico sobre tabla o tela, inspirados en los Cuadernos en octava de Franz Kafka. Hablando de dicha exposición, en le blog tuve la ocasión de definir esta serie como «una invitación a dudar». De hecho, estas pinturas se pueden leer como una invitación a suspender cualquier juicio predefinido sobre la realidad; esto es, a despojarse de todo aquello que está por encima de la desnudez esencial de la existencia, para llegar a lo que Kafka define como «el centro del centro del centro».

En la entrevista con Javier Garcerá que presentamos a continuación hemos abordado varios temas relativos a su obra y a su manera de entender su propia labor artística. Hemos empezado hablando precisamente de la serie Take off your shoes y de ese concepto de “indecible” que constituye un aspecto tan importante de su extraordinaria poética “silenciosa”.

 

Entrevista con Javier Garcerá

En el texto que redactaste para el catálogo de la exposición Take off your shoes (finales de 2009, en la galería Álvaro Alcázar de Madrid) escribiste: «Siento atracción por un nivel de realidad o intimidad que no se puede trasmitir a través del lenguaje sin que se le arranque su parte más constitutiva; reconozco esa parte que no puedo argumentar sin alterarla tanto en el mundo como en mí; busco una dimensión particular de las cosas que no se corresponde con su nombre o carácter social y que aparece en el proceso de percepción cuando nosotros dejamos que aparezca, cuando permitimos que las cosas se aproximen y muevan contra nosotros». ¿Cómo ha evolucionado en el tiempo tu manera personal de plasmar a través de la pintura esta atracción por “lo indecible”?

Cuando reviso lo que ha sido hasta ahora mi producción pictórica, me doy cuenta que existe un hilo conductor que une todas las series de obras que he realizado. Supongo que esa línea que aparece es consecuencia de una fijación sobre ciertos aspectos que me han interesado artística y vivencialmente y que conforman esa atmósfera indeterminada a la que hacemos referencia cuando hablamos de “lo indecible”. Siempre me he dejado llevar por la intuición porque cuando he intentado estructurar y analizar una propuesta me he dado cuenta que, con tal intención, se perdía algo irrenunciable y el proceso dejaba de tener interés para mí.

 

Javier Garcerá, serie Take off your shoes (2010, Técnica mixta sobre tabla, 200 x 324 cm.). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá 2010. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.

 

En el texto mencionado afirmas también que el reconocimiento de la imposibilidad de describir a través del lenguaje este nivel de la realidad llevaría consigo la «aceptación de una pérdida a la que no alcanza el proceso de conocer, de que no existe una insoluble distancia entre el hombre y el mundo». ¿Esta aceptación de la pérdida reflejada en tus obras sería, entonces, una suerte de invitación al silencio, a la contemplación, o incluso a la meditación?

Ese es el espacio que ahora me interesa. Después de reflexionar y trabajar sobre la dualidad cultura/naturaleza, sobre la tensión entre lo interior y lo exterior, sobre la idea del exilio como imagen de la situación del hombre contemporáneo frente al mundo, estoy elaborando una serie de obras que pretenden situar al espectador ante una realidad que se da más allá del lenguaje, ante unas condiciones en la que las dualidades que se apreciaban en obras anteriores llegan a desaparecer.

Me interesa provocar una experiencia perceptual intensa en el espectador que es capaz de depositar su atención en la obra, una experiencia íntima a través de la contemplación del cuadro que permita saber de la dimensión de ese “tiempo vertical” al que Bachelard hace referencia cuando habla del instante poético.

¿Crees que todavía queda espacio para el “instante poético” en la sociedad occidental actual?

Quedará espacio siempre que el individuo lo necesite, lo genere y lo viva. Otra cosa es que la sociedad lo fomente. Pero en este caso, afortunadamnete la iniciativa parte del interior, el movimiento no va desde lo social a lo íntimo sino al contrario. La sociedad será aquello que los individuos que la formamos queramos que sea.

 

Javier Garcerá, serie Del espacio heredado (2002-2003). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.

 

En el texto “The Visionary Landscape of Perception”, Bill Viola afirmó que el fin de los grandes místicos de la historia era traducir las experiencias, y no presentar sus imágenes o descripciones. En este sentido ¿se puede afirmar que tu trabajo trata de llevar el espectador a un nivel “místico”, o sea, al conocimiento de una realidad otra, íntima y universal a la vez, a través de la traducción en estímulos visuales de la experiencia perceptual?

El uso del lenguaje siempre es problemático. En el ámbito que nos movemos el lenguaje puede ser peligroso. No sé en qué contexto Viola utilizó el término “traducir”. Desde mi punto de vista, no hay posibilidad de traducir nada, es imposible hacerlo. Desde que nacemos el lenguaje nos constituye a la vez que nos condiciona e inevitablemente produce un espacio de pérdida. El nombrar lleva implícita una renuncia a la que quizá el arte se pueda acercar para intentar hacerla visible pero esa posibilidad va de la mano de un proceso complejo que nada tiene que ver con la idea de una traducción.

Del mismo modo, hay que ser cuidadoso con la utilización del término “místico”. Muchas veces, y debido a lecturas superficiales y sesgadas, se le han asignado unas connotaciones anacrónicas y restringidas al ámbito religioso que poco tienen que ver con la auténtica naturaleza del término. De la misma manera que Didi Huberman rescata y libera el concepto de “aura” de las malinterpretaciones que la modernidad hizo de ésta, es necesario releer la idea de “lo místico” desde una perspectiva más ambiciosa, contemporánea e incluso pragmática.

 

Javier Garcerá, serie La Espera (2005-2008). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.

 

En la sección del blog de tu página web se pueden ver una serie de aforismos. Entre ellos, sólo se consigue leer nítidamente el siguiente: «Si el ojo nunca duerme, los sueños desaparecen solos». ¿Me puedes hablar de este aforismo?

Se trata del Shinjinmei, un poema escrito en el siglo VI por Sôsan Daisy, el tercer patriarca zen de China. Es uno de los textos fundacionales de la tradición zen en el que el poeta plasma un saber oscuro alcanzado que lo sitúa más allá de toda duda. Cuando lo leí me llamó poderosamnete la atención la frase que mencionas y decidí trabajar sobre ella. Las obras que estoy elaborando en este momento pertenecen a una serie de trabajos que voy a titular “Si el ojo nunca duerme”. Se hace referencia  a la necesidad de cultivar el proceso de atención en cualquier momento de las acciones que realizamos en la vida cotidiana. En este caso, entregándose a un proceso de contemplación de la obra, si el ojo nunca duerme, si el sujeto no cesa de prestar atención al aquí y al ahora, los sueños, dice el poeta, desaparecen solos. En el contexto del zen, y en este caso concreto, el término “sueño” se utiliza en el sentido de una ilusión, de aquello que en términos del hinduismo se denomina “māyā”, es decir, de todo aquello que impide ver lo real como lo real es. Para entender estos trabajos hay que partir de esta idea de intensificación de la percepción como medio de crear un estado de conciencia en el que la realidad se puede llegar a mostrar, sin tapujos, tal cual es. En las obras de esta serie estoy potenciando esos elementos visuales que fomentan la inabarcabilidad de la mirada y que permiten al ojo vivir sin adormecerse.

Personalmente, creo que en tu obra se pueda hallar una síntesis constante de elementos que convencionalmente se tiende a considerar como antitéticos. Me refiero a esa postura intersticial de tu pintura, constantemente en equilibrio entre la abstracción y la figuración; lo reconocible y lo indecible; lo visual y lo espiritual; la luz y la sombra; la monocromía y el color. Algo que me recuerda la compresencia de “yin” y “yang”, y la dualidad de todo lo existente en el universo, profesada por la filosofía taoísta. ¿Me equivoco?

Sí, eso es, puedo estar bastante de acuerdo. Creo que mis mejores obras son aquellas que sitúan al espectador frente a un espacio impreciso en el que las dualidades conviven sin anularse mutuamente. Mi satisfacción en el proceso se acentúa cuando encuentro una solución que, recreando ese espacio límite o fronterizo, es capaz de vaciar de palabras el decir del espectador. Sin ninguna duda, esa experiencia reconciliadora tiene que ver con lo que parece ser la esencia del Tao, pero también con aquello que se persigue a través del uso del “koan” en el contexto del zen o con la misma idea de “bráhman” en la que cree el hinduismo. De nuestra cultura occidental podríamos hacer también intereantes alusiones.

¿Cómo te acercaste al arte y cuándo, o cómo, entendiste que era éste tu camino?

No recuerdo cómo ni cuándo me acerqué al arte. En mi contexto más próximo no existían ni referencias ni precedentes, probablemente todo surgió como consecuencia de mi desinterés por jugar al fútbol.

 


Javier Garcerá, serie Take off your shoes (2010, Acrí­lico sobre tela, 200 x 200 cm.). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá 2010. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.

 

¿Cuáles han sido tus principales referencias artísticas en el pasado, y cuáles son en la actualidad?

Desde siempre me he sentido atraído por el espíritu y las obras del romanticismo. El concepto de “lo sublime” ha estado frecuentemente impregnando mi trabajo y, probablemente, de alguna manera, siga haciéndolo. Los artistas tanto históricos como contemporáneos que más me han interesado han estado casi siempre ligados a una visión de la realidad heredada del mundo romántico. Me interesan las obras que me invitan a experimentar un estado metafísico o trascendente, me atraen las propuestas que abren caminos hacia ese misterio indescifrable que es la vida. Es imposible citar aquí a todos los artistas que me interesan pero creo que Anish Kapoor o Anselm Kiefer, pero también Bill Viola, James Turrel, Sean Scully, Hiroshi Fugimoto o Thomas Struth están haciendo un trabajo de una calidad incuestionable.

En este momento estoy muy interesado por todos aquellos pintores que en los años cincuenta y sesenta trabajaron en Estados Unidos entorno a conceptos tomados de filosofías orientales. Marc Rothko, Ad Reinhardt, Barnett Newman, Yakoi Kusama, Lee Mullican, o Mark Tobey pueden ser ejemplo de ello.

¿Esta atracción tuya por lo sublime, que mencionabas antes, y tu deseo de suscitar en la percepción del espectador efectos de dilatación del espacio tienen que ver con el formato monumental de muchas de tus obras?

En efecto, aunque ahora también estoy indagando las posibilidades del pequeño formato, siempre me ha interesado mantener una proporción de la obra que envolviera al espectador. En la mayoría de mis trabajos he necesitado utilizar grandes dimensiones para conseguir el efecto deseado.

 

Javier Garcerá, serie Te hablo de lo cotidiano (2003-2004). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.

 

En algunas de tus series iniciales, como por ejemplo Te hablo de lo cotidiano (2003-2004), pintabas enormes espacios vacíos: hangar en los que se fundían obras célebres de la historia del arte en una especie de simbólica disolución de la modernidad; de su proyecto racional; de sus aspiraciones y de su utopía optimista: una especie de representación de su fracaso. ¿Se podría decir que en tus obras actuales has pasado de la tensión al relajamiento, de plasmar la catástrofe a sugerir la catarsis?

Estoy de acuerdo en que ha habido una evolución que va en el sentido que apuntas. Las obras de mi última exposición presentaban un lugar de reconciliación serena que se distanciaba de la catástrofe implícita a obras anteriores. Aunque sigue existiendo una notable tensión interna, ésta se envuelve y disipa de forma que la anterior oposición de contrarios se disuelve en una atmósfera reconciliadora que sobrepasa y elabora dicha tensión. El mismo proceso perceptual activo provocado por la compleja disolución de la forma puede estimular en el espectador un “estar” que, de alguna manera, me atrevería a calificar de catártico.

 

Javier Garcerá, serie Te hablo de lo cotidiano (2003-2004). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.

 

¿Visitas a menudo museos y galerías?

Paso muchas horas en el estudio, es el lugar en el que mejor me encuentro, en el que paso mis mejores momentos. Aunque intento visitar todas las exposiciones que me interesan, muchas veces me cuesta abandonar el lugar de trabajo y cuando me doy cuenta ya han pasado.

¿Qué relación tienes con el viaje? ¿Viajas mucho?

No me gusta viajar por viajar. Me resulta más interesante cuando el viaje está relacionado con algún proyecto concreto. En los últimos años he disfrutado de dos becas que me han permitido residir y trabajar en Nueva York, Montreal y Vancouver. Ese tipo de viaje es el que más me interesa. Me gusta hacer viajes largos y concentrar el tiempo en pocos lugares, cuando viajo a India paso alrededor de un mes en un único sitio, casi sin moverme, con el fin de vivir una experiencia más profunda, focalizada en pocos objetivos.

¿Qué te gusta leer?

Por lo general, leo de todo pero disfruto más con el ensayo y la poesía que con la novela, aunque acabo de comprar la última obra de Belén Gopegui. Me la recomendó un amigo y, la verdad, he empezado a leerla y tiene una pinta estupenda. Me identifico con esa decepción ante lo político que la autora plantea en el libro.

Estamos viviendo un momento importante de la historia y vivo esa decepción a través de una espera alentadora. Me alegra saber que un libro como “Indignaos” haya sido practicamente un best seller. Me resulta interesante comprobar que, después de tantos años, su autor proponga el uso de una actitud pacífica como instrumento de lucha y revolución social, algo que Gandhi ya utilizó en el proceso de independencia de India. Con la que está cayendo, no es difícil sentirse indignado, es más, creo que mi trabajo siempre ha sido fruto de un sentimiento de lejanía e indignación profunda frente a lo que como sociedad hemos creado.

Me está gustando mucho el último libro de poemas de Antonio González Iglesias pero también llevo entre manos un ensayo bellísimo sobre el silencio escrito por Ramón Andrés que se titula “No sufrir compañía”, y otro libro titulado “Fragmentos de la vergüenza” de Francisco Pereña, un agudo psicoanalista que escribe cosas interesantes sobre el sujeto que me atraen y estimulan.

Siempre llevo entre manos varios libros a la vez. Por cierto, la última antología que han publicado de María Zambrano y “La lentitud” de Milan Kundera están ahora en mi mesilla.

 

Javier Garcerá, serie Del espacio heredado (2002-2003). Cortesí­a: Javier Garcerá, 2011. © Javier Garcerá. Todos los derechos reservados. www.javiergarcera.com.

 

Javier Garcerá (Pto. de Sagunto, Valencia, 1967) http://www.javiergarcera.com/

Licenciado en la Universidad Politécnica de Valencia y Doctor en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de más de dos décadas ha recibido varias becas que le han permitido desarrollar su personal investigación artística en distintas ciudades. Entre otras, cabe mencionar la Beca de Formación de Profesionales en Artes (por el Ministerio de Cultura); la Beca de Ampliación de Estudios (por el Ministerio de Asuntos Exteriores) y otras por la Academia Española en Roma; el Colegio de España en París; la Casa de Velázquez en Madrid; la Diputación de Valencia (Beca Alfons Roig) o la Fundación Pilar y Joan Miró.

Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en España y en el extranjero (Francia, Italia, Alemania, Suecia, Marruecos, Brasil, EEUU, Argentina, Japón, etc.), recibiendo premios como la Primera Medalla de la Exposición Internacional de Valdepeñas; el Premio del Senado de Pintura; el Premio Bancaixa; las Menciones de Honor en la XVII Bienal Ciudad de Zamora; en Generaciones 2003 y en el Premio ABC de Pintura. Presente en varias ediciones de Arco, la obra de Garcerá se encuentra en múltiples colecciones privadas y públicas, entre las que destacan las del Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa; Museo Paolo Pini (Milán); Museo de Arte Contemporáneo de Villafamés; Senado; Fundación Sorigué; Universidad Nacional de Educación a Distancia; Caja Madrid; Ministerio de Asuntos Exteriores; Ministerio de Cultura; Diputación y Ayuntamiento de Valencia, etc.

 


 

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