Isaac Julien, Ten Thousand Waves

Crítica de la exposición: Isaac Julien. Ten Thousand Waves. Galerí­a Helga de Alvear. Doctor Fourquet, 12. Madrid. Hasta el 15 de Julio de 2011. Isaac Julien, Hotel (Ten Thousand Waves), 2010. Courtesy: Roslyn Oxley9 Gallery, Sydney, 2011. Difícilmente el estatuto ontológico actual, constantemente en vilo entre realidad y ficción, así...

Crítica de la exposición: Isaac Julien. Ten Thousand Waves. Galerí­a Helga de Alvear. Doctor Fourquet, 12. Madrid. Hasta el 15 de Julio de 2011.

Isaac Julien, Hotel (Ten Thousand Waves), 2010. Courtesy: Roslyn Oxley9 Gallery, Sydney, 2011.

Difícilmente el estatuto ontológico actual, constantemente en vilo entre realidad y ficción, así como el altamente heterogéneo conjunto de herramientas técnicas y conceptuales, de géneros y de soportes que caracterizan hoy en día la práctica creativa del videoarte hubiese sido imaginable hasta hace sólo pocos años. Como ya he puesto en evidencia en el ensayo El videoarte expandido de Doug Aitken (2010, descargable gratuitamente, en formato pdf, en el siguiente link: http://www.box.net/shared/o40fdjiag0) a lo largo de las últimas dos décadas, soluciones formales como la narrativa fragmentada, el sampling, o la estructuraración repetitiva en loop han contribuido a introducir en el contexto de una disciplina artística relativamente joven como es el videoarte una auténtica revolución creativa.

De hecho, a partir de comienzos de los años noventa algunos de los artistas más volcados en este específico ámbito de la creación contemporánea se han enfrentado poderosamente a aquel fenómeno que Amber Gibson ha definido como «tiranía temporal de la obra» (EXIT Express N˚ 52, mayo de 2010) llevando a cabo una deconstrucción consciente de la tradicional narrativa lineal de las artes que manejan imágenes en movimiento. Uno de los logros más exitosos de este proceso deconstructivo es la proyección multicanal (a través de varias pantallas): un soporte que tiende a otorgar al espectador un importante nivel de autonomía, traendo a colación su participación en la obra a fin de completar, en ocasiones incluso a construir, el sentido global y el significado último de la obra misma.

Las inquietudes poéticas y las premisas estéticas de artistas como por ejemplo Doug Aitken (Redondo Beach, 1968), Kutlung Ataman (Istambul, 1961), Julian Rosefeldt (Munich, 1965), Pipilotti Rist (Grabs, Suiza, 1962) o Shirin Neshat (Qazvin, Iran, 1957) entre muchos otros se desarrollan moviendose en una zona fronteriza e híbrida – a mitad del camino entre la instalación, el vídeo, el cine experimental y la performance – llamada “videoarte expandido”. El videoarte expandido tiene como principal referencia teórica el “expanded cinema”, teorizado por el crítico cinematográfico estadounidense Gene Youngblood (New York, 1942) en su célebre libro Expanded Cinema de 1970.

Las ambiciosas e imponentes ambientaciones que en muchas ocasiones configuran las videoinstalaciones expandidas implican que la contemplación/fruición de estas obras se convierta en una experiencia sensorial muy compleja, en la que compiten entre sí un gran número de estímulos visuales y auditivos, captando la atención del espectador mediante una narrativa plural que se desenvolve a través de proyecciones múltiples y en donde se generan frecuentes puntos de intersección entre imágines y sonido, o bien momentos de sincronía entre discursos visuales y/o sonoros paralelos. En este tipo de obras el espectador percibe la ilusión de ser parte activa de un proceso comunicativo abierto, puesto que el tradicional punto de vista monodireccional y pasivo, propio del público de obras cinematográficas y videoartísticas tradicionales, se transforma en un “punto de percepción” dinámico y cambiante.

 

Isaac Julien, TEN THOUSAND WAVES (2010). Installation view, Shanghart Gallery, Shanghai. Photography Adrian Zhou. Courtesy: Isaac Julien, www.isaacjulien.com, 2011.

Además de los artistas ya citados, merece una mención especial Isaac Julien (Londres, 1960), quien desde hace más de dos décadas, se mueve entre el cine experimental y el videoarte expandido. En concreto sus primeras películas – como por ejemplo Looking for Langston (1989), Young Soul Rebels (1991) o Franz Fannon: Black Skin, White Mask (1995) – abarcan critícamente temáticas sociales y políticas, como las cuestiones raciales, la sexualidad o la identidad cultural. Estas primeras obras reflejan una profunda influencia por parte de las teorías psicoanalíticas pero, y sobre todo, también de los Cultural Studies británicos. Especialmente significativos, en este sentido, fueron para Julien los estudios llevados a cabo por un intelectual tan esencial para la cultura occidental contemporánea como es Stuart Hall (Kingston, Jamaica, 1932). Hall fue uno de los fundadores, en 1964, del Center for Contemporary Cultural Studies (CCCS) de la Universidad de Birmingham y su director entre 1968 y 1979. A través de una intensa actividad teórica y de investigación de campo, Hall contribuyó de manera determinante a la difusión de una idea de cultura entendida como categoría teórica y, al mismo tiempo, como práctica política. Dicho en otras palabras, en los trabajos del CCCS la cultura se considera como ámbito de la intervención y de la acción social en tanto lugar en el que se establecen las relaciones de poder, pero en el cual éstas mismas se pueden también desestabilizar. En este sentido, las primeras obras de Julien tratan a menudo temáticas ligadas a la cutura black, la cultura queer etc. relacionandose también con esa parte de estudios realizados por el CCCS denominados “post-coloniales”.

Las obras más receintes del artista británico, en cambio, evidencian un progresivo abandono del paradigma post-colonial en favor de una intensidad lírica y simbólica más individualista; en ocasiones onírica y fantástica. En estos trabajos, sin embargo, queda perfectamente patente un aspecto constante de todas las obras de Isaac Julien: es decir, la superación de las barreras tradicionales que delimitan las diversas disciplinas artísticas y la transformación del espacio expositivo en un evento narrativo de poderoso impacto visual. De hecho, sus piezas se configuran como impactantes coreografías de imágenes y sonido que articulan en el espacio un sistema complejo de proyecciones multiples en distintas pantallas de imágenes rodadas ex novo y combinandas, según la lógica creativa del bricolage estético, con fragmentos de found footage de diversa procedencia.

La videoinstalación Ten Thousand Waves (2010, videoinstallación multicanal, nueve dobles pantallas, película 35mm trasladada a HD, 9.2 surround sound, duración 49’.41”) expuesta actualmente en la galería Helga de Alvear de Madrid representa sin duda alguna un ejemplo excelente, y estraordinariamente logrado, de la peculiar aproximación artística de Isaac Julien. Co-producida por la misma galería madrileña, esta obra fue realizada entre 2004 y 2010 y se presenta como un relato de tipo no narrativo, a la vez fantástico y meta-cinematográfico, que conecta, de una manera poética y estéticamente impecable, el inquietante presente de China con su pasado más tradiconal.

Isaac Julien, Mazu, Turning (Ten Thousand Waves) 2010. Courtesy: Isaac Julien, www.isaacjulien.com, 2011.

La pieza fue expuesta por primera vez en la Bienal de Sydney (Mayo-Agosto 2010) y casi contemporáneamente en la ShanghART Gallery de Shanghai (Mayo-Junio 2010) en ocasión de la Expo de Shanghai. Antes de llegar a Madrid también se pudo admirar en la Kunsthalle Helsinki, como parte del Helsinki Festival (Agosto-Octubre 2010) y en la Hayward Gallery de Londres (Octubre 2010-Enero 2011). Paralelamente a su actual exhibición en España, se puede ver también en el Atelier Hermès de Seoul (Abril-Julio 2011). Además de esta videoinstalación, en la muestra madrileña se exponen también tre fotografías, en color y de gran formato, realizadas durante el rodaje de la obra y pertenecientes a la serie Green Screen Goddess (Ten Thousand Waves) (2010, Endura Ultra photograph, 180 × 240 cm.).

Acompañada por una extraordinaria banda sonora original – creada ad hoc por el músico inglés Jash Wobble, la Chines Dub Orchestra y la compositora clásica contemporánea española Maria de Alvear – Ten Thousand Waves se vale de la colaboración, entre otros, de las actrices chinas Maggie Cheung, muy conocida en Europa por haber protagonizado películas como In the Mood for Love (2000) y 2046 (2004) de Wong Kar-wai, o Hero (2002) de Zhang Yimou, y Zhao Tao, recientemente llegada a la fama internacional por haber actuado en Still Life (2006) de Ang Lee y 24 City (2008) de Jia Zhang-Ke. En el proyecto participaron también otras personalidades de la cultura y de las artes chinas de la actualidad.

A nivel formal la obra roza la perfección, puesto que el ritmo de las imágenes proyectadas se combina mirablemente con la componente musical, fascinando un espectador que se queda completamente absorbido por el desarrollo fragmentado y meta-narrativo de la historia contada. Cualquier referencia estructurada a las nociones convencionales de espacio y de tiempo se volatiliza al ingresar en la obscuridad de la sala expositiva, en donde el montaje de la pieza no podría resultar más acertado.

Isaac Julien, Green Screen Goddess (Ten Thousand Waves) 2010. Courtesy: Isaac Julien, www.isaacjulien.com, 2011.

Tal vez se podría debatir sobre si el tema elegido por Julien – el choque cultural, social, medioambiental y existencial entre la China moderna y su mítico pasado, evocado a partir de un trágico acontecimiento (realmente occurrido en 2004) y representado a través de un viaje simbólico y espiritual finalizado al redescubrimiento de las antiguas mitologías y los valores estéticos y filosóficos de la cultura oriental tradiconal – no constituya, en realidad, un tópico un tanto abusado – por no decir lisa y llanamente “de moda” – del cinema de las últimas dos décadas; tanto en el así llamado cine “de autor” como en el cine más comercial y de masas. Y más aún si se considera el inédito poder adquirido a lo largo de los últimos años por el gigante chino en tanto potencia económica y, por ende, cultural (no es por casualidad, en este sentido, que, como nos informan los datos más recientes de ArtPrice, China se haya convertido hoy en día en el mercado de arte más importante del mundo, por lo menos en términos de volúmen de ventas en subastas).

Al hablar de “tópico abusado” me refiero especialmente a los trabajos más “exóticos” de directores hoy en día muy populares en Europa y en Estados Unidos, como los ya citados Zhang Yimou (León de Oro en el Festival de Venezia en 1992 y en 1999, además de ganador de muchos otros galardones internacionales); Wong Kar-wai (muy presente en varias edicciones recientes del Festival de Cannes) y el taiwanes Ang Lee (premiado en el Festival de Berlín en 1992, 1993 y 1995, además de ganar dos veces el Festival de Venezia, más varios Oscar y Golden Globe). Pero pienso también en el éxito generalizado que han tenido en los últimos años muchos directores de cine asiáticos procedentes del oriente lejano. Entre ellos se pueden citar, por ejemplo, el japonés Takeshi Kitano y los coreanos Kim Ki-Duk o Park Chan-Wook. Se trata de un éxito que ha ido acompañando el reciente revival de las películas de Kung Fu del siglo pasado, y especialmente aquellas protagonizadas por el actor de culto Bruce Lee. A este propósito cabe mencionar el enorme éxito comercial de su émulo cómico actualmente más famoso: Chan Kong-Sang, mejor conocido como Jackie Chan. Pienso también en el cine auto-reflexivo (en el cual convergen los géneros y sub-géneros más diferentes) del cineasta postmoderno por excelencia: Quentin Tarantino, y especialmente en su película en dos partes Kill Bill Vol.1 (2003) y Vol.2 (2004). También mencionaría el gran número de películas realizadas en los último años para targets de espectadores más jóvenes, como por ejemplo Shaolin Soccer (2001) y Kung Fusion (2004) de Stephen Chou, o la animación Kung Fu Panda (2008).

Isaac Julien, Ten Thousand Waves, 2010. Nine-screen installation, 35mm film transferred to HD, surround sound, 49 mins. Courtesy ShanghART, Shanghai / Beijing and Flashartonline, 2010.

Finalmente me parece de absoluta pertinencia mencionar otras dos películas fundamentales: por un aldo, la obra maestra Cantando dietro i Paraventi (2003), escrita y dirigida por el cineasta italiano Ermanno Olmi, ambientado en la China imperial e inspirado en la historia real de la pirata Ching; por otro lado, el documental Chung Kuo, Cina (1972) dirigido por Michelangelo Antonioni. Esta última obra fue proyectada por primera vez en China sólo en 2002 (en el Instituto de Cine de Pequín), puesto que por treinta años fue sometida a una censura férrea por parte del regime de Mao Tse-Tung y de sus sucesores. La obra de Antonioni representa un antecedente directo y explícito de la videoinstalación de Isaac Julien de la que se está hablando. El propio artista inglés, en la entrevista publicada en el catálogo de Ten Thousand Waves, afirma haberse inspirado en la película del director italiano, si bien no haya utilizado en ningún momento fragmentos de ese documental como found footage de su obra.

 

Art Salon | Artist Talk: Isaac Julien (Dec. 2, 2010)
Silvia Cubiña, Director, The Bass Museum of Art, Miami


Art Salon | Artist Talk from Art Basel on Vimeo.

Art Salon | Artist Talk from Art Basel on Vimeo.


 

 

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