Daniel Verbis y la ética de la belleza

Crí­tica de la exposición: Daniel Verbis. Devenir prenatal. Galeria Max Estrella. Santo Tomé, 6 (patio). Madrid. Hasta el 11 de mayo de 2011. Daniel Verbis, Prolapso ocular invertido, 2011. Acrí­lico / lienzo, madera y DM. Dim. 220 x 312 cm. Cortesí­a: Galerí­a Max Estrella, Madrid. 2011. A pesar de lo...

Crí­tica de la exposición: Daniel Verbis. Devenir prenatal. Galeria Max Estrella. Santo Tomé, 6 (patio). Madrid. Hasta el 11 de mayo de 2011.

Daniel Verbis, Prolapso ocular invertido, 2011. Acrí­lico / lienzo, madera y DM. Dim. 220 x 312 cm. Cortesí­a: Galerí­a Max Estrella, Madrid. 2011.


A pesar de lo volcada que pueda resultar hoy en día una parte consistente del arte contemporáneo en temas de carácter social, político o cultural en el sentido antropológico del término; y del énfasis que se suele poner en la actualidad sobre prácticas creativas desmaterializantes de la obra de arte – en consecuencia, esencialmente, de esas tendencias que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX abrieron directrices expresivas rupturistas anicónicas conceptuales, procesuales y activistas – no existe, de hecho, ningun artista que, por el mero hecho de ser artista, se pueda considerar poseedor de ideas, opiniones o intuiciones, de por sí, mejores o más relevantes que cualquier otra persona. El arte contemporáneo bueno, en realidad, es aquel que – tanto si aparece materializado en obras concretas como si se presenta en “formas desmaterializadas” (oxímoron hoy en día para nada paradójico y muy significativo de lo que se puede “ver” por doquier) – logra provocar un cambio de perspectiva sobre la realidad, generando originales transformaciones en la percepción subjetiva del espectador; en su manera de categorizar las cosas del mundo; de relacionarse con los demás y, por ende (siendo el hombre un animal irreductiblemente social), de contribuir a conformar su propia sociedad de pertenencia. En este sentido, el arte bueno produce, siempre, inevitablemente un resultado, ya que siempre consigue que, despues de haber topado con él, nos hagamos con un punto de vista diferente sobre la realidad; muchas veces, simplemente mirando de otra manera a esas mismas cosas que ya habíamos visto miles de veces.

Ésta es la lección que nos dejan del siglo pasado, por ejemplo, la herencia duchampiana, o la estética objetual, mediática y fetichista del pop art, o, para referirnos al ámbito del lenguaje abstracto, la refinadísima poética matérica de un artista tan prolífico y extraordinariamente imitado como fue Alberto Burri (Città di Castello, 1915 – Niza, 1995): un artista cuya suma elegancia formal y cuyo rigor ético, consigo mismo y con toda su vastísima obra, siempre fueron acompañados por una constante y profunda investigación en torno a la belleza de la materia y de sus potencialidades expresivas. Sus creaciones utilizaron continuamente materiales “diferentes”, prosiguiendo en el ámbito de la abstracción informal ese camino abierto por las primeras transgresiones vanguardistas del siglo XX que desafiaban conscientemente la bidimensionalidad del cuadro y otras convenciones figurativas tradicionales de las Bellas Artes, como en el caso de los collages de Picasso y los cubistas, que trataban de valicar los límites formales y estructurales de la pintura, o la inserción de materiales extrapictóricos llevada a cabo por los dadaistas. En el trabajo de Burri, sin embargo, esas transgresiones fueron llevadas a sus consecuencias más extremas. De hecho, los fragmentos objetuales y los elementos matéricos fueron radicalmente despojados de cualquier referencia a sus contextos de origen o a sus connotaciones culturales. En este sentido, Burri trató incesantemente de sacar a la superficie de lo visible la belleza ínsita en la materia, sin pretensión alguna de construir discursos simbólicos, denotativos o connotativos. Dicho de otra manera, nunca quiso expresar teorías, convicciones o posiciones intelectuales. Nunca propuso opiniones, sino que, al contrario, siempre se preocupó únicamente de producir y proponer objetos y formas. Formas, bellas y atemporales, que consiguen atrapar la vista del expectador generando en él un movimiento íntimo, psicológico y existencial, a través de la pureza estética. A este propósito cabe recorar lo que afirmaba Bernard Berenson en el ensayo dedicado a los pintores renacentistas florentinos, publicado en forma definitiva en 1930 en la recopilación The Italian Painters of the Renaissence. En dichas páginas, afirma Berenson que el arte exalta a una actividad insólita los procesos psíquicos comunes, de los cuales proceden todos (o casi) nuestros placeres, inmunizandolos de sensaciones físicas molestas, que provocan cansancio.

A lo largo de su trayectoria artística, Burri realizó ciclos de obras, en ocasiones de dimensiones monumentales, que van de los primeros Sacchi de la década de los cincuenta hasta los Cretti y Cellotex trabajados en los últimos años de su vida; pasando por los Ferri, los Legni, los Muffe, los Catrami y los Combustioni (enormes pantallas de plástico quemadas con llama hoxídrica, según un proceso de creación casual) de las fases centrales de su carrera. Su trabajo tuvo una influencia esencial en muchas de las corrientes artísticas que se sucedieron a partir de mediados de los años cincuenta, como por ejemplo el new-dada, y especialmente los combine paintings de Robert Rauschenberg; el nouveau realisme; el décollage de Mimmo Rotella; los “fuegos” de Yves Klein o el arte povera entre otros.

Daniel Verbis, Devenir prenatal, 2011. Instalación. Cortesía: Galerí­a Max Estrella, Madrid. 2011.

En el panorama de la creación artística actual una apuesta decidida e incondicional por esta dimensión ética de belleza está muy bien representada por el trabajo de Daniel Verbis (León, 1968). A lo largo de la última década este artista ha ido consolidando su original y complejo proyecto plástico, caracterizado por una gran elegancia y un elevado valor estético. Su fresca visión del lenguaje abstracto se sirve hoy en día de una vasta gama de técnicas y materiales. De hecho, su labor se desarrolla a través de un buen dominio de las técnicas, tanto deconstructivas como acumulativas, y evidenciando una investigación constante sobre los elementos matéricos y sobre la transgresión de los límites espaciales de la obra, la cual a menudo acaba expandiendose más allá de sus confines convencionales hasta interactuar con el espacio arquitectónico circunstante. En muchas ocasiones sus obras – pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones, dibujos sobre papel, intervencione murales etc. – estimulan la vista de una manera magnilocuente y “barocca” (según la acepción de Eugeni D’Ors) evocando el sentido del movimiento e impactando el espectador por su gran intensidad espectacular y colorista.

En la muestra individual presentada actualmente en la galería Max Estrella de Madrid se exponen una veintena de obras recientes de Verbis, realizadas entre 2008 y 2011. Se trata principalmente de cuadros de técnica mixta, de gran formato, en los que la cuidadosa organización del los diferentes elementos matéricos en la composición está animada por una dimensión humoristica y lúdica, siempre latente en éstas como en gran parte de las obras de Verbis, explicitada aquí a través del recurso a juegos de colores vívidos y llamativos, o bien en los títulos, ambiguos, divertidos, onomatopéicos e incluso poéticos, de las piezas. Además de los cuadros citados, se pueden admirar también pinturas sobre papel de formato más reducido; algunas esculturas y una instalación. El conjunto de obras evidencia referencias a varios movimientos abstractos del siglo pasado, como la abstracción lírica; el surrealismo abstracto; el expresionismo abstracto y la action painting (especialmente el dripping de Jackson Pollock); la experiencia informal europea de artistas como el ya citado Alberto Burri o Lucio Fontana; la post-painterly abstraction o la obra de grandes individualidades dificilmente clasificables, como Alexander Calder y Francesco Lo Savio.

Daniel Verbis, El dolor de la carne vulcanizando la mirada Nº2, 201. Acrí­lico / lienzo, madera y DM. Dim. 275 x 240 cm. Cortesí­a: Galerí­a Max Estrella, Madrid. 2011.

Entre las obras expuestas cabe mencionar sin duda Prolapso ocular invertido (2011, Acrílico, lienzo, madera y DM, 220 x 312 cm.), El dolor de la carne vulcanizando la mirada Nº1 (2010, Acrílico, lienzo, madera y DM, 240 x 260 cm.) y la instalación Devenir Prenatal (2011), que da el título a la exposición. En esta última obra, en particular, la intervención monocromática en blanco sobre las paredes de la galería genera una ambientación peculiar en la que destaca una pieza escultórica vagamente biomórfica, misteriosa y algo inquietante, cuyo color marmóreo contrasta netamente con la policromía de las obras pictóricas.

Al salir de la exposición uno se queda, una vez más, con la sensación que, más allá de cualquier definición teórica de la palabra “belleza”, al fin y al cabo, siempre son “bellas” aquellas obras que, al verlas, realmente te hacen sentir mejor.

 


 

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