Las partituras dibujadas de Sol LeWitt

Crític de la exposición: WALL DRAWINGS Y GOUACHES. Exposición personal de Sol LeWitt. Galería Juana de Aizpuru. C/ Barquillo, 44. Madrid. Hasta el 15 de octubre de 2010. En un artículo publicado en la revista italiana Flash Art en junio de 1974, Sol LeWitt (Hartford, 1928 – New York, 2007)...

Crític de la exposición: WALL DRAWINGS Y GOUACHES. Exposición personal de Sol LeWitt. Galería Juana de Aizpuru. C/ Barquillo, 44. Madrid. Hasta el 15 de octubre de 2010.

En un artículo publicado en la revista italiana Flash Art en junio de 1974, Sol LeWitt (Hartford, 1928 – New York, 2007) escribía que todas sus obras desarrolladas entre mediados de los años sesenta y comienzos de los setenta habían tratado siempre del mismo, único tema, puesto que representaban declaraciones lógicas hechas utilizando elementos formales como gramática. Y añadía que es justamente en la naturaleza lógico-discursiva de este tipo de obras que se hallaría la verdadera diferencia entre el arte entendido, en un sentido tradicional, como invención y construcción de formas, y un arte, como el suyo, que enfatiza el contenido y que, por lo tanto, no puede ser ni visto ni entendido en un contexto pura y exclusivamente estético. Un arte, dicho de otra manera, que trata de ideas y conceptos, y que para ser comprendido precisa de ir más allá de las formas; más allá de las apariencias de lo visible.

Estas afirmaciones de LeWitt bien se pueden considerar como una síntesis extrema de su teoría sobre el arte conceptual, definición que él acuño por vez primera en 1967. A través de su labor artística, de hecho, LeWitt tradujo las reglas elementales de la estética minimalista en términos de puro conceptualismo, utilizando formas ya existentes, como las figuras geométricas, combinadas a través de rigurosos cálculos matemáticos. En este sentido, su teoría y su práctica artística, cultivadas sobre todo en la escultura, la pintura y la litografía, se relacionan tanto con el minimal art como con el arte conceptual.

En esta exposición individual, que Juana de Aizpuru dedica a LeWitt dentro del programa especial conmemorativo del cuarenta aniversario de la apertura de su primera galería sevillana, se pueden apreciar una serie muy interesante de pinturas murales en gran formato, pertenecientes al célebre ciclo Wall Drawings, realizados por LeWitt y sus asistentes a partir de finales de la década de los sesenta y concebidos especialmente para ser realizados en espacios ad hoc. En este sentido, las obras tienen dimensiones variables siendo proyectadas para adaptarse a diferentes espacios expositivos.

En este caso concreto se trata de dibujos en crayola blanca de cera, trazados sobre las paredes de la galería pintadas de negro. En ellos destacan estructuras realizadas a partir de formas geométricas simples, como el triangulo, el circulo o el rectángulo etc.. Entre todas, cabe mencionar especialmente WD#786 (1995), que muestra una especial preferencia por resaltar la estructura reticular del dibujo y el carácter sistemático del proceso de esecución. A su lado aparece también el dibujo preparatorio, de tamaño reducido, propedéutico a la realización de la obra final. Se trata de una representación gráfica, extremadamente articulada, que traduce el proceso lógico combinatorio de los elementos geométricos que subyacen a la composición final.

En la muestra se expone también una serie de gouaches en color sobre papel, en pequeño formato. Estas obras, al igual que los Wall Drawings, evidencian la larga experiencia profesional del artista como diseñador gráfico.

Si es verdad, como recuerda Gillo Dorfles, que el arte de LeWitt no es invención formal, sino que se configura como un desarrollo de contenidos influenciados por todas las distintas formas de arte admiradas por el propio artista – puesto que él se sentía libre de utilizar todas y cada una de las formas de arte existentes – tal vez se pueda afirmar que los Wall Drawings parecen representar un diálogo ideal (conceptual) entre artistas y entre disciplinas diferentes. Un diálogo eterno, a lo largo del tiempo y del espacio. De hecho, estas obras a veces pueden evocar las pinturas rupestres; o las paredes pintadas al fresco por los maestros italianos, que dirigían sus asistentes en los talleres medievales y renacentistas; o incluso los graffiti de nuestra época actual. Por otro lado llevan a asimilar el propio artista a la figura del arquitecto, el cual confía la vida de su obra a otros ejecutores de su proyecto. O bien a la figura de un músico compositor, el cual escribe una partitura para que otros formalicen, en el futuro, las ideas y las intuiciones dibujadas por él sobre papel. Ideas e intuiciones que quedarán, así, a disposición de otros para siempre. En otros tiempos y en otros espacios.


 

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