Ojos que excavan túneles. La fotografía de Pierre Gonnord

Crítica de la Exposición: TERRE DE PERSONNE. Exposición personal de Pierre Gonnord: Sala Alcalá 31. C/ Alcalá, 31. Madrid. Comisario: Rafael Doctor Roncero. Hasta el 28 de Febrero. ARMANDO, 2009. © Pierre Gonnord. Courtesy: Pierre Gonnord y Galerí­a Juana de Aizpuru, Madrid. En realidad, no habría mucho que escribir sobre...

Crítica de la Exposición: TERRE DE PERSONNE. Exposición personal de Pierre Gonnord: Sala Alcalá 31. C/ Alcalá, 31. Madrid. Comisario: Rafael Doctor Roncero. Hasta el 28 de Febrero.


ARMANDO, 2009. © Pierre Gonnord. Courtesy: Pierre Gonnord y Galerí­a Juana de Aizpuru, Madrid.

En realidad, no habría mucho que escribir sobre la fotografía de Pierre Gonnord (Cholet, 1963). La pureza ética y formal de sus obras ya lo dice todo.

Para entender de lo que estoy hablando basta con ver los paisajes (fruto de su recientísimo trabajo) que acompañan la serie de retratos presentados en esta exposición curada por Rafael Doctor Roncero. Se trata de paisajes rurales, del norte de España y de Portugal, cuya belleza esencial habla por sí misma. Y eso que el paisaje es un tema fundamentalmente nuevo en el repertorio de Gonnord. Un tema que ha surgido de una exigencia nueva de desplazar la mirada artística del “hombre” a “su entorno”, a fin de fijar en imágenes aquellos elementos que conforman el medioambiente en el que, concretamente, trascurren las vidas de los personajes retratados y que marca signos indelebles en sus rostros tan peculiares.

 

INCENDIO VIII. 2009© Pierre Gonnord. Courtesy: Pierre Gonnord y Galerí­a Juana de Aizpuru. Madrid.

La muestra propone al espectador una suerte de “dialógico” juego de espejos entre él y las acerca de cuarenta obras expuestas. De hecho, éstas, a la vez que le cuentan una historia, le interrogan sobre su propia “naturaleza” y su propia “cultura”. Se trata de imágenes (de gran formato) que retratan – como es habitual en la obra de Gonnord – mujeres y hombres en el interior de un estudio, con una solemnidad y un esmero estético comparables con los que adoptarían en su tiempo maestros de la pintura de este género (como El Greco, Velázquez, Goya, Rembrandt etc.).

La humanidad desnuda y profunda de estos rostros impasibles nunca puede dejar indiferentes, y desde el principio resulta bien claro que el verdadero protagonista de la exposición, en realidad, es uno sólo. Y siempre el mismo: el ser humano. Nada más y nada menos.

En el folleto introductor a la muestra, Doctor Roncero define Pierre Gonnord como un «escrutador de almas». Rosa Olivares por su parte, en ocasión de una entrevista que le hizo recientemente, escribía: «Él nos hace partícipes a todos de esa experiencia a la vez repetida e irrepetible del ser humano. En sus retratos sobresale la humanidad, el mundo interior de personas a las que no vemos, a pesar de cruzarnos con ellos en la calle. La mirada del artista es, una vez más, la que construye el personaje, la que le hace visible». (Exit Express, Mayo 2009, p.7).

Los rostros que Gonnord nos presenta en esta ocasión proceden, como ya otras veces, de los márgenes de la sociedad contemporánea. Son habitantes de comunidades rurales aisladas, o mineros emigrantes de países del este de Europa: verdaderos supervivientes de un mundo que todavía existe, pero que nunca podríamos contemplar a menos que no vayamos a buscarlo; sea por simple curiosidad o por el deseo de testificar – come hace en buena medida el propio Gonnord – la realidad de un mundo material y cultural prácticamente en vía de extinción. Un mundo, tan cercano y tan remoto a la vez, evocado a través de rostros sin tiempo, cuyos ojos vivos, sencillamente empáticos y desarmantes, excavan túneles en la intimidad de los que nos identificamos como mujeres y hombres urbanitas. Occidentales. Del siglo XXI.


 

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