La pintura de Javier Garcerá, una invitación a dudar

Crítica de la exposición: Take off your shoes. Personal de Javier Garcerá: Galería Álvaro Alcázar. C/ Hermosilla, 58. Madrid. Hasta el 8 de Diciembre.

 

Javier Garcerá, SIN TÍTULO de la serie TAKE OFF YOUR SHOES (pintura acrí­lico sobre lienzo y sobre tabla), 2009. Courtesy: Galería Álvaro Alcazar, Madrid.

La nueva serie de obras que Javier Garcerá (Puerto Sagunto, Valencia, 1967) presenta en la exposición Take off your shoes en la madrileña galería Álvaro Alcázar es un ciclo de imágenes impactantes y seductoras que podríamos definir pinturas “tecno-divisionistas”.

Se trata de una decena de cuadros, de gran formato sobre lienzo y tabla, en los que el artista valenciano – a través de un uso fragmentado, casi mecánico, del color acrílico y una presencia a menudo importante del negro – nos invita a entrar en una dimensión “segunda” con respecto a la realidad en la que vivimos, o en la que tal vez sólo creemos vivir. Estas obras se presentan como enormes pantallas que parecen transmitir frames congelados procedentes de un universo de espacios y momentos “otros” e indescifrables.

Los que vemos son lugares (interiores de habitaciones, paisajes, etc.) algo familiares, pero que desorientan a la vez que sugieren. Frente a esta meta-realidad apenas reconocible las coordenadas convencionales de nuestra percepción se hallan limitadas, generando dudas acerca de lo que estamos observando.

Si miramos las obras desde esta perspectiva “de la duda”, pues, la referencia literaria kafkiana (tomada de Los cuadernos en octava) que da el título a la exposición aparece en toda su claridad. Se trata, esto es, de una invitación a poner entre paréntesis nuestras certezas y nuestros criterios de juicio. Dicho de otra manera: una invitación a acceder a una realidad ajena pero esencial que se hace visible gracias a estas imágenes reveladoras.

En su libro La necesidad del arte, Ernst Fischer escribía que «la actitud de Kafka era la indecisión», es decir el deseo intransigente de representar el mundo (y la sociedad en particular) sin juzgar, es decir, despojando la realidad y describiendola en su desnudez esencial. A este propósito Fischer citaba las palabras del mismo Kafka: «No existe posibilidad alguna de juzgar en este mundo; no hay más que un vislumbre de posibilidad». Al adoptar cualquier punto de vista, deliberado o involuntario, consciente o inconsciente que sea, siempre se toma partido e, inevitablemente, se transfigura la realidad que de hecho se está interpretando.

En este sentido, la de Garcerá suena como una invitación a que suspendamos nuestro juicio acerca del mundo, dejando por detrás nuestros simbólicos zapatos (como si estuviésemos a punto de entrar en un lugar sagrado) y, junto con ellos, nuestro equipaje de esquemas mentales y prejuicios de hombres contemporáneos. Es decir, nuestras concretas referencias geográficas y cronológicas, sociales e históricas – en fin, nuestro ruido anecdótico – para que nos acerquemos en silencio a la esencia de las cosas. Esa esencia que sólo se puede sentir y contemplar, pero nunca describir por completo. Ni mucho menos juzgar.


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