El street art actual, entre underground y mainstream

  El street art actual, como todo arte emergente, tiene una doble cara que le permite dialogar de manera flexible y “serena” tanto con el contexto de su origen (periférico con respecto al sistema del arte oficial) como con las instituciones, el mercado, el mundo de la publicidad, el marketing...

 

El street art actual, como todo arte emergente, tiene una doble cara que le permite dialogar de manera flexible y “serena” tanto con el contexto de su origen (periférico con respecto al sistema del arte oficial) como con las instituciones, el mercado, el mundo de la publicidad, el marketing y las grandes corporations. El éxito comercial de un artista “guerrillero” como Banksy es, en realidad, sólo la punta de un iceberg gigantesco. De hecho, Banksy es el caso mediáticamente más conocido del polifacético mundo del cross-over callejero: un mundo que, al igual que otras formas de arte emergente, se encuentra periódicamente debatido entre seguir siendo un fenómeno underground o aceptar su ascenso definitivo al mainstream.

 

 

MIKOSA FOUNDATION videoclip. “Making-of” a Mural in the center of Amsterdam, Dim. 300m2. Painted by: Zedz, Lordh, Morcky, The Boghe, Wayne Horse and The London Police. Supported by AFK-Amsterdam Fonds voor de Kunst, Carhartt, Henxs, MTN and Kristal/Het Oosten. Videoclip by: Modart Magazine, Ymere, Stadsdeel De Baarsejs, Rekult, Meneer de Wit and NINE878 from TwoDotOneby. Music by: Plasticjoy.

Si nos detenemos en analizar el complejo movimiento urbano que conforma el street art actual, se nota claramente como éste se haya ido desarrollando enormemente a lo largo de las últimas décadas, evolucionando mucho con respecto a las prácticas originarias, como el graffiti, el bombing o el writing (bastante brutas e impulsivas si las comparamos con las refinadas prácticas actuales) a través de la codificación de una serie de lenguajes que hoy en día utilizan con gran desenvoltura también aportaciones multimediales, como el vídeo o la animación digital. En este sentido, se han ampliando de manera consistente las opciones expresivas. Se han generado, esto es, nuevos estilos, nuevos géneros, nuevos lenguajes y nuevas mitologías metropolitanas.

A lo largo de los últimos años muchos street artists de segunda generación – pero también algunas leyendas vivientes de la primera oleada de los años setenta y ochenta, como Futura o Ramm:el:zee – han viajado muchísimo por el mundo gracias a oportunidades de desplazamiento y comunicación impensables hasta hace sólo pocos años; se han apoderado de Internet y de sus enormes posibilidades comunicativas y expresivas; han practicado y asimilado lenguajes propios de la fotografía, del vídeo, de la animación y de la performance; han organizando exposiciones, conciertos, eventos y contexts en espacios ocupados, en pequeñas galerías independientes, en tiendas de ropa o museos. En muchos casos han estudiado marketing y moda. Han trabajado en agencias publicitarias como gráficos o copywriter. Asimismo han dejado huellas personales de su presencia en las calles, dibujando y pintando muros y vagones. Han decorado estructuras arquitectónicas públicas y privadas o edificios abandonados. En fin, se han adaptado a las grandes mutaciones tanto del mundo globalizado como de su concreto entorno de referencia más próximo.

El pasar del tiempo, como siempre hace, se está encargando de dejar entrar también el movimiento emergente del street art dentro de la historia de las artes plásticas, marcando diferencias entre artistas y corrientes y dejando aflorar aquéllos más relevantes por su calidad y logros. Al igual que ocurrió con la tendencia neo-expresionista de los años ochenta del siglo pasado, que acabó con canonizar artistas como Basquiat, Haring o Pettibon, hoy en día se dan casos de artistas – como Banksy, Os Gêmeos, Blu, André y otros – que están transitando rápidamente del trabajo callejero clandestino a una producción reconocida y demandada por el circuito del mainstream artístico. Estos casos ponen en evidencia cuestiones cruciales sobre la relación entre dos mundos distintos, y dos maneras diferentes de concebir el arte, cada vez menos distantes: el arte underground y el arte mainstream.

A este propósito Sebastian Peiter, en su libro Guerrilla Art, escribe: «Over the last few years street art has established itself as an internationally recognized art form. But where can this street-inspired movement go from here? Works by Banksy  have been boarded up and chiselled off walls to be sold on eBay for money far exceeding the gallery price. So, even though street art has resisted being sucked into the mainstream, like all radical or avant-garde movement it surely will be».[1] Por lo visto, la praxis del Mercado y los comportamientos de artistas, curadores, coleccionistas, marchantes y público parecen ya haber decretado su veredicto en la dirección de una aceptación generalizada dentro del sistema oficial del arte. De momento, muchos street artists parecen moverse cómodamente en los dos ámbitos, es decir tanto dentro del circuito mainstream como en la clandestinidad de las intervenciones callejeras. Muchos artistas hoy en día trabajan paralelamente – sin contradicciones ni complejos – dentro y fuera de las calles; dentro y fuera del circuito tradicional y exclusivo de galerías, casas de subastas y museos; dentro y fuera de la lógica comercial de la publicidad y del marketing. De hecho, la conducta “guerrillera” dura y pura convive a menudo con la comercialización de piezas a precios importantes y en canales de alto nivel.

Algunos de los protagonistas del revival del street art al que hemos asistido en los últimos tiempos parecen tener las ideas bastante claras sobre este tema. Por ejemplo, los artistas brasileños Otavio y Gustavo Pandolfo, aka Os Gêmeos (São Paulo, 1974), distinguen netamente lo que es para ellos el ámbito de la absoluta libertad expresiva y creativa, es decir el ámbito de lo que ellos consideran el «arte de verdad» (que sólo es practicable a través del graffiti y sólo en la calle) del ámbito profesional del trabajo por encargo, que ellos definen «arte comercial» (y que consideran jerárquicamente inferior al primero). En este sentido, afirman Os Gêmeos: «Of course things have changed. We make a living from our art now. But whenever someone is paying for us to paint, we no longer consider it graffiti – we consider it decorative art. Only when we paint on the street is it 100 per cent about yourself. You are not painting something that someone else wants: it’s really your own expression. Everything around you influences your work. Painting on the street is the real art; whatever commercial art you’re doing is just work.»[2] La existencia de esta relación entre obra y condiciones de trabajo, que discrimina la presencia/ausencia de la dimensión “comercial”, puede ser algo a tener en cuenta a la hora de reflexionar sobre la calidad y los logros artísticos de cada pieza concreta. He aquí la opinión de Banksy con respecto a este tema: «I did find there are ways to use the commercials to your advantage. I have painted pieces in the middle of the day in overalls, and when people asked what I was doing I’d say I was working for the billboard company, and there wouldn’t be a problem. If you were to stand there and say: ‘I am doing this because I personally feel I have a right to affect my urban environment and this image has much right to be here as the perfume commercial’, they’d probably call the cops or a psychiatrist.»[3]


[1] PEITER, Sebastian (curador): Guerrilla Art, Laurence King, London, 2009, p.7.

[2] PEITER, Sebastian (curador): Guerrilla Art, Laurence King, London, 2009, p. 49.

[3] PEITER, Sebastian (curador): Guerrilla Art, Laurence King, London, 2009, p. 29.

 


 

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